Necesidad de la oración

«Orad para que no caigáis en la tentación.
El espíritu está pronto,
pero la carne es débil” (Mt 26,41).

Jesús habló mucho de la oración

Habló con palabras y con hechos. Casi cada palabra del Evangelio es una lección sobre la oración. Cada encuentro de un hombre o una mujer con Cristo se puede decir que es una lección de oración.
Jesús había asegurado que Dios responde siempre a una petición hecha con fe: su vida toda documenta esta verdad. Jesús responde siempre, aun con un milagro, al hombre que recurre a él con un grito de fe: el ciego de Jericó, el centurión, la cananea, Jairo, la hemorroísa, Marta, la hermana de
Lázaro, la viuda que llora a su hijo, el padre del muchacho epiléptico, María en Caná.
Son todas páginas maravillosas acerca de la eficacia de la oración.
Además Jesús ha dado verdaderas lecciones sobre la oración.

Nos enseñó a ahorrar palabras cuando rezamos, no le va el verbalismo vacío:
«Cuando recéis no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso … » (Mt 6,7).
Nos enseñó que no hemos de rezar para hacernos ver:
«Cuando recéis, no hagáis como los hipócritas … para exhibirse ante la gente» (Mt 6,59).
Nos enseñó a perdonar antes de la oración:
«Cuando os pongáis en pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos, os perdone vuestra ofensas» (Mc 11,25).
Nos enseñó a ser constantes en la oración:
« … que tenían que orar siempre y no desanimarse» (Lc 18,l).
Nos enseñó a rezar con fe:
«Todo lo que pidáis a Dios con fe lo recibiréis» (Mt 21,22).

Jesús recomendó mucho la oración

Jesucristo recomendó la oración para hacer frente a las luchas de la vida. Sabía lo que nos pesan ciertos problemas. Por nuestra flaqueza nos ha recomendado la oración:
«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca halla y al que llama, se le abrirá.
¿O hay acaso alguno de vosotros que al hijo que le pide pan, le dé una piedra; o si le pide un pescado, le dé una culebra?
Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan’. (Mt 7,7-11).

Jesús no nos ha enseñado ha esquivar los problemas refugiándonos en la oración. Lo que nos dice de la oración hay que entenderlo dentro de su enseñanza global.
La parábola de los talentos dice claro que el hombre debe hacer rendir todos sus recursos y, que si entierra uno solo de sus talentos, se hace responsable delante de Dios.
Cristo reprueba también al que se refugia en la oración para rehuir su obligación. Ha dicho:
«No todo el que me diga: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21).

Jesús nos mandó orar para defendernos del mal

Dijo Jesús: «Pedid que no caigáis en la tentación» (Lc 22,40).
Cristo nos dice que en determinados trances de la vida hemos de rezar, que sólo la oración nos libra de la caída. Tristemente muchos no se dan cuenta hasta que no se ven en la ruina. Tampoco lo entendieron los doce que se durmieron en vez de rezar.
Si Cristo ha mandado rezar, señal de que la oración nos es indispensable. No se puede vivir sin oración: hay situaciones en que no basta la fuerza del hombre, no resiste su buena voluntad. Hay momentos en la vida en que el hombre, si quiere sobrevivir, tiene necesidad del encuentro directo con la fuerza de Dios.

Jesús nos ha dado un modelo de oración: el «Padre nuestro»

Nos ha enseñado así el esquema válido de orar como él quiere, para todos los tiempos.
El «Padre nuestro» es por sí mismo un instrumento completo para aprender a rezar. Es la oración más usada por los cristianos: cerca de 850 millones de católicos, 450 millones de protestantes, 200 millones de ortodoxos rezan esa oración casi cada día.
Es la oración más conocida y más difundida, pero también es una oración maltratada, porque se la entiende poco. Es un centón de hebraísmos que habría que explicar e, incluso, traducir mejor. Pero es una oración admirable. La mejor de todas las oraciones. No es una oración para decir, es una oración para meditar. Incluso, deberíamos tenerla, más que como una oración, como una guía y pauta de nuestra oración.
Si Jesús quiso enseñamos expresamente cómo hemos de rezar, si nos a ofrecido una oración compuesta por él mismo para nosotros, es señal clara de que la oración es algo importante.
El Evangelio dice que Jesús enseñó el padrenuestro rogado por sus discípulos, quizá impresionados por el tiempo que Jesús dedicaba a la oración y por la intensidad de su misma oración.
Dice San Lucas:
«Estando él orando en cierto lugar, cuanto terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”. Él les dijo: “Cuando oréis decid: Padre … “» (Lc 11,1).

Jesús pasaba noches en oración

Jesús dedicaba mucho tiempo a la oración. ¡Y tenía tantas cosas que hacer! Las gentes hambrientas de instrucción, enfermos, pobres que lo asediaban, venían de toda Palestina … , pero Jesús se retiraba a orar.

« … se levantó, salió y fue a un lugar solitario donde se puso a orar» (Mc 1,35).
Y hasta noches enteras pasaba en oración:
«Por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios» (Lc 6,12).
Para él la oración era tan importante que escogía cuidadosamente el lugar, el tiempo más conveniente, apartándose de cualquier otra ocupación.
« …subió al monte a orar”(Mc 1,35).
« …tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago y subió al monte a orar” (Lc 9,28).
«De mañana, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario, donde se puso a orar” (Mc 1,35).
Pero la estampa más conmovedora de Jesús en oración es la de Getsemaní. Es el momento de la lucha. Jesús invita a todos a rezar y él se sumerge
en angustiosa oración:
«Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y se puso a orar. .. » (Mt 26,39).

«Se acercó a los discípulos. Los encontró adormilados … Se apartó por segunda vez y oró diciendo … Al volver los encontró otra vez dormidos. Los dejó, se alejó de ellos y oró por tercera vez … “ (Mt 26,42).

Jesús ora en la cruz. En la desolación de la cruz reza por los otros:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

Ora gritando su terrible soledad:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Reza el salmo 22, la plegaria del piadoso israelita en los momentos difíciles.
Jesús muere rezando: «Padre, a tus manos encomiendo tu espiritu». Es el salmo 3l.
Con estos ejemplos de Cristo, ¿es posible tener en poco la oración? ¿Podrá el cristiano descuidarla? ¿Podrá vivir sin rezar?
Una contraprueba de la necesidad de la oración.
Sin ella no es posible la vida cristiana.
El cristiano no se mantiene en pie sin oración.
Lo confirma la experiencia cotidiana de todos.
La caridad que Jesús nos manda no es posible sin la fuerza de la oración:
«Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12).
Nadie es capaz con sus solas fuerzas de cumplir este mandamiento. y es ésta la señal del cristiano.
El mandamiento de la caridad nos supera, implica toda nuestra existencia: pensamientos, palabras, obras. Es superior a las fuerzas del hombre. Ningún héroe es capaz de cumplir este mandamiento de

Cristo con constancia y hasta el fondo como quiere él. Los hombres que rezan, sí. Los santos son la prueba, porque el hombre que reza ha aprendido a utilizar en su vida la fuerza de Dios.

Dos testimonios

Son palabras de dos hombres bien dignos de ser oídos.

Alexis Carrel, premio Nobel por sus estudios fisiológicos, ha escrito: «El influjo de la oración en el espíritu y en el cuerpo es tan demostrable como la secreción glandular. Como médico he visto hombres superar la enfermedad y la depresión a través del esfuerzo sereno de la oración cuando toda medicina resultaba ínútíl..». y añade: «La oración es un acto de madurez indispensable para el completo desarrollo de la personalidad, la última integración de las facultades más íntimas del hombre. Sólo orando nosotros logramos la unidad completa y armoniosa del cuerpo, de la inteligencia y del alma, que robustece la estructura del hombre».

William Parker, el psicólogo que se dedicó a demostrar desde el punto de vista científico la eficacia de la oración en el hombre, llegó a esta conclusión: «La oración es el medio más importante para la reconstrucción y rehabilitación de la personalidad del hombre».
Como conclusión de sus experimentos escribió un famoso libro para demostrar que «la oración puede cambiar tu vida en cualquier situación en que te encuentres, a cualquier edad».

EJERCICIO PRÁCTICO DE ORACIÓN

• Dedica al menos media hora a este ejercicio. Escoge el momento en que tu mente esté descansada y serena.
• Elige un lugar adecuado: un lugar recogido en casa, una iglesia silenciosa, si puedes ponte delante de la Eucaristía, de un crucifijo u otra imagen sagrada.
• Ponte de rodillas con el busto erguido y los brazos relajados. También tu cuerpo debe orar, si no distraerá tu oración.
• Divide la media hora en tres partes: si organizas bien tu tiempo, la oración te será más fácil.
• Concéntrate en la presencia del Espíritu Santo en ti: «Sois templo del Espíritu Santo, el Espíritu habita en vosotros», dice San Pablo de los cristianos.
• Dedica diez minutos a un diálogo sencillo, cordial con el Espíritu Santo. Preséntale el problema que más te pesa. Si quieres, repite de cuando en cuando:
– «Ven, Espíritu creador».
– «Ven, padre de los pobres».
– «Ven, luz de los corazones».
• Dedica otros diez minutos a escuchar. Vuélvete a Jesús, lee y vuelve a leer con toda atención las palabras de Jesús que se te han propuesto.
• Dedica diez minutos de atención al Padre: el Padre te envuelve en su amor, habita en ti.
• Jesús ha dicho: «Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).

Quédate en silencio, intenta ayudar tu concentración diciendo de cuando en cuando. «¡Padre!”
¡Padre mío! Te quiero amar sobre todas las cosas».
Y decide hacer algo hermoso por Dios después de la oración.
• Reza lentamente un Avemaría para que la Virgen interceda por ti y te consiga la gracia de aprender a orar.

ORACIÓN DE LA SEMANA

Sé tenaz en orar lo más posible durante el día, llena de oración todos los momentos que te dejen libre tus ocupaciones. Pide con frecuencia: «Maestro, enséñame a orar».

Salmo 138

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada? ..
Ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

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