No entiendo a los ancianos

Anciano 9Queridos ancianos:

Suele ser la queja de los hijos cuando los padres son mayores. “No entiendo a mis padres”. Y claro, no los entendemos, porque tampoco a nosotros nos han enseñado a entenderlos. Pero tampoco hemos gastado mucho tiempo en hacerlo.

Y estamos olvidando algo:
Tampoco ellos estaban especializados en entendernos a nosotros cuando éramos niños. Y sin embargo, trataron de entendernos. Y nos entendieron.
¿Por qué nosotros no hacemos el mismo esfuerzo?
¡Es que mis padres están perdiendo la cabeza y fastidian mucho!
Tampoco nosotros teníamos demasiada cabeza cuando éramos niños y fastidiábamos bastante.
¡Es que mis padres se han hecho muy caprichosos!
¿Y recordamos lo caprichosos qué éramos nosotros cuando éramos niños?
¡Es que mis padres quieren tenerme siempre cerca de ellos!
Y nos olvidamos que de niños no queríamos salir de sus brazos.
¡Es que mis padres ya no controlan sus esfínteres y se ensucian continuamente!
¿Por qué no recordamos los pañales que hemos ensuciado y el tiempo que debieron esperar para que nosotros pudiésemos dominar y controlar nuestros esfínteres?
¿Recordáis las veces que tenían que levantarse de noche para cambiarnos?
¿Recordáis las veces que no podíamos dormir porque nos despertábamos y llorábamos?
¡Es que mis padres tienen que comer, pero no quieren, hay que obligarles!
¿Tan pronto hemos olvidado las veces que nosotros no queríamos comer la papilla y hasta la tirábamos y nos tenían que decir no sé cuantas tonterías para que comiésemos?

Me estoy convenciendo de que la vida se repite. Y aquí también habrá que repetir: “Lo que han hecho por ti, hazlo tú por los demás”.

Ellos hicieron lo posible por entendernos como niños.
Hagamos nosotros lo posible para entenderlos a ellos como ancianos.
Ellos perdieron mucho tiempo con nosotros.
Perdamos algo del nuestro para atenderlos a ellos.
Ellos sufrieron mucho con nosotros.
Algo tendremos que sufrir por ellos.
Y ellos lo hicieron todo con cariño y con amor.
No les atendamos por obligación. Hagámoslo con cariño, con ternura y amor.

Al fin y al cabo, la vida se repite.
Ellos la vivieron primero. Ahora nos toca el turno.

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