No les prohibamos soñar

Sueños de un ancianoQueridos ancianos:

Tanto la niñez como la juventud son etapas para soñar. ¿Quiere decir que en la edad madura y la ancianidad ya están prohibidos los sueños? Tal vez uno de nuestros conflictos con nosotros mismos y con los demás esté precisamente en que a cierta edad nos hemos prohibido soñar.
Al joven le decimos “eres un soñador”… “la vida te enseñará”.
Al hombre y a la mujer maduros les advertimos, “ya tienes que pisar tierra”… “Sé realista”.
A los ancianos los consideramos como “seres que viven del recuerdo y la memoria”, pero sin derecho ya a mirar más adelante.
Vivimos en tanto soñamos. Vivimos en tanto nuestra mente y nuestro corazón siguen poblados de ilusiones, y morimos cuando uno mismo o los que nos rodean nos impide soñar. Los sueños, grandes o pequeños, son como una especie de llama que brota de nosotros y mantiene el calor de la vida, el deseo de vivir, y las fuerzas para luchar.
Personalmente estoy convencido de varias cosas. En primer lugar, el sueño es una fuerza necesaria durante toda la vida. En segundo lugar, vivimos mientras soñamos. En tercer lugar, nadie tiene derecho a matar los sueños de nadie. Al contrario, todos debiéramos empeñarnos en despertar sueños e ilusiones en cada etapa de la vida.
Soñar no significa dejar de ser realista, como con frecuencia se piensa. Una cosa es soñar ideales y metas, y otra muy distinta es dejarnos llevar de fantasías. Las fantasías tienen mucho de irrealistas. Los sueños son realistas, expresan una ilusión del corazón, expresan el dinamismo de nuestro interior. Los sueños son como una especie de fuerza que empuja y atrae nuestra vida para seguir caminando.
Es preciso una pedagogía y una terapia de los sueños con los ancianos porque, mientras mantenemos vivos sus sueños, les estaremos despertando a la vida, a la ilusión y a la esperanza. De ahí que no debemos matar su capacidad de soñar: “vosotros ya vivisteis, ya no tenéis nada que hacer” o “vosotros soñad recordando el pasado, porque el futuro ya no os pertenece”. Con esto, lo único que hacemos es apagarles todas las luces del camino.
Por el contrario, es precisamente cuando anochece cuando se encienden las luces de la calle o los faros de los coches y así, aunque esté todo oscuro por delante, podemos caminar.

“Un día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad. Desde aquel día ya no duermo solo para descansar, ahora también duermo para soñar…” (Walt Disney)

Vuestro hermano.

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