No te creemos, Jesús

No te creemos, Jesús,
por eso estamos siempre preocupados,
buscando seguridades, programando el futuro,
planificando la vida para que nada se escape
a nuestro control y la angustia no nos deja dormir
y nos lleva corriendo a todos los sitios.

No te creemos, Jesús,
y por eso pasamos
más tiempo preocupados que ocupados,
dando vueltas a cómo hacer las cosas mejor,
a lo que ocurrirá mañana,
a lo que podría pasar, si las cosas se tuercen,
a los miedos que nos envuelven
y no nos dejan descansar.

No te creemos, Jesús,
por eso estamos atesorando, acumulando, asegurando…
y nuestro cuerpo no tiene tiempo para gozar
porque hemos de frenar su deterioro…

No te creemos, Jesús,
no nos cabe en la cabeza
que cada cabello lo tengas contado;
que conozcas nuestra palabra
antes de que esté en nuestra boca,
que nos tengas envueltos por delante y por detrás
y lleves nuestro nombre tatuado en tu mano…

No te creemos, Jesús,
y vivimos como huérfanos,
teniendo un Padre que nos quiere.
Nos sentimos solos, aunque somos personas habitadas,
aunque tú estás en el hondón de nuestras almas,
en lo secreto.

No te creemos, Jesús,
y por eso no nos bastan las preocupaciones de hoy,
nos inventamos las de mañana, las de pasado…
No te incluimos en nuestra agenda,
en nuestras esperas ni en nuestras luchas.

No te creemos, Jesús,
si lo hiciéramos, viviríamos tranquilos, dormiríamos bien, pondríamos nuestra vida en tus manos
y gozaríamos intensamente el aquí y el ahora,
que es el único momento que nos pertenece,
ya que cada día trae su propio afán.

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