Nuevo libro de oración

ORAR CON EL EVANGELIO DE CUARESMA. Ciclo A

En lo que respecta a la vida de oración, en los cristianos y hasta en los mismos sacerdotes y consagrados, creo que se da una “mala conciencia”. No es una conciencia indolora, sino una conciencia afligida. Muchos tenemos, en este punto, la sensación de no estar siendo fieles a una dimensión fundamental de nuestra existencia, y que tiene, además, repercusión en todas las demás dimensiones de nuestra vida y de nuestro trabajo.
Bastantes experimentamos una cierta sensación de plenitud, cuando servimos, cuando ayudamos a las personas e incluso cuando exponemos la fe o cuando la celebramos. En cambio, cuando oramos, asaltados por mil distracciones que como un topo agujerean la tierra de nuestra alma, tenemos la impresión de no estar “viviendo a tope” ese tiempo dedicado a la oración.
En la oración se juega -y lo sabemos muy bien- algo crucial de nuestra vida de cristianos: la posibilidad misma de tener “sabor” y de difundirlo”… de “oler a Dios”
¿Qué testimonio damos de nuestra oración?
A menudo tenemos un profundo deseo de ella, pero con frecuencia la experimentamos desasosegada y fría; la quisiéramos intensa y apasionada; pero sentimos su aridez y su aparente inconsistencia; la recomendamos como esencial a los demás, con insistencia convencida, pero durante largas etapas de nuestro camino sólo le dedicamos un tiempo mínimo… y la vivimos sin la suficiente calma interior.
“Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1); hemos de repetir con humildad esta súplica.
Todos estamos sumergidos en la inquietud y la actividad y nos vemos a veces abrumados por ello.
Santa Teresa nos dejó unas palabras memorables, encontradas en su breviario, escritas de su puño y letra sobre un papel que le servía de señal. Las estimaba tanto que las tenía siempre ante los ojos:
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta:
sólo Dios basta”.
Debiéramos tener escritas estas palabras en el corazón y dejarnos moldear por ellas, para que se conviertan en luz en nuestro sendero.
Con un tesoro así, también nosotros podríamos decir con el salmo: “En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir tranquilo” (Sal 4,9).

La persona carente de oración termina desintegrándose. Pierden vigor sus motivaciones generosas y se disuelve el sentido profundo de su vida. Si el nadador no eleva la cabeza para respirar, se ahoga; si el automovilista no se para, para proveerse de combustible, no podrá seguir el viaje.
La evangelización, hoy como ayer, depende de los evangelizadores: “Sólo unos cristianos evangelizados seremos capaces de evangelizar”.
Y para ser hoy “evangelio de Dios” hay que ser buen creyente; y para ser creyente bueno hay que ser buen orante.
El cristiano que no haya tenido el evangelio en su corazón, y haya sido objeto de contemplación y de plegaria, no logrará mantener el evangelio en su boca como tarea misionera.
El que no se recoge para potenciarse, pronto quedará atrapado por un activismo desbocado e inane. Y, como diría Pablo VI, lejos e evangelizar, será evangelizado; lejos de convencer, será convencido; lejos de convertir, será pervertido.
Por esto y para esto nace esta experiencia orante con el Evangelio de cada domingo. Una invitación a encontrarnos con el Dios que después queremos celebrar, anunciar y vivir en nuestro trabajo y en nuestro quehacer pastoral.
Invitación, que tiene por destinatarios a todos los agentes que colaboran en el quehacer pastoral de nuestras de las comunidades cristianas, pero también a todo aquel cristiano que desea vivir en contacto con el Dios que se anuncia en el Evangelio leído, orado y celebrado en nuestras comunidades.

PEDIDOS:
Editorial CCS
C/ Alcalá, 166/28028- MADRID
Tfno: 917252000
Correo electrónico: editorialccs.com
Precio: 7,50 Euros

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3 pensamientos sobre “Nuevo libro de oración”

  1. Gracias P.Juan desde Uruguay sus aportes son muy valiosos y los sigo semanalmente.El artículo anterior sobre el Nuevo Libro de Oración expresa muy bien nuestra realidad, al menos la mía
    + Raúl Scarrone

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