Oración ante el Belén

La luz de la Navidad nos llama también a nosotros,
Jesús, hermano, hijo de María, Hijo de Dios.
Nos llama como llamó a los pastores desconcertados
y como llamó a los magos
para hacerles emprender aquel largo camino.
Porque en Belén, en tu carne débil, en tu rostro de niño
que aún no ha aprendido a mirar al mundo,
nosotros vemos reflejado todo el amor de Dios.
En tu carne, está aquel amor, aquella ternura,
aquella esperanza confiada que sólo Dios es capaz de dar.
En tu carne, Dios se ha hecho uno de los nuestros,
y eso es lo más grande que nadie haya podido nunca llegar a soñar.
Contemplándote aquí, acostado en el pesebre,
acompañado del amor de María y José,
queremos poner en tus manos nuestras ilusiones y nuestros temores,
nuestro deseo de fidelidad y también nuestro mal.
Y queremos poner también al mundo entero:
a los que más queremos y a los que no conocemos,
a los cerca y a los de lejos;
y sobre todo, a los que más sufren.
Jesús hermano, hijo de María, Hijo de Dios,
danos el calor de tu amor,
llena el mundo entero con el calor de tu amor.

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