Oración para comenzar el año

Oración para el comienzo del año

«Oh Dios, en paz me has concedido pasar la noche,
en paz concédeme pasar el día.
Por todas partes,
que yo vaya por el camino que Tú me indiques.
Oh Dios,
vuelve derechos mis pasos.
Haz que, hablando, no ceda a la calumnia.
Haz que, teniendo hambre, no ceda a la murmuración.
Que, estando satisfecho, no me vuelva prepotente.
Haz que pase mis días invocándote,
sin señores por encima de Ti».


“Oh Dios, en paz, me has concedido pasar la noche; en paz concédeme pasar el día”.

Entre todos los dones que diariamente de Dios recibimos, el don de la paz merece ser destacado. No es un don palpable, como el de la salud o la riqueza… Es un don más delicado y espiritual… Pero sea lo que sea, yo lo prefiero a todos.
Me has concedido tu paz, oh Dios, me has pacificado en lo más íntimo: dijiste una palabra y se calmaron mis agitaciones y tempestades; te hiciste presente y se tranquilizaron mis ansias y pasiones de mi corazón, las inquietudes y dudas, los anhelos, las flaquezas y miedos… Me has pacificado.
La paz que tú me das yo no la sé explicar. Pero lo que siento es una alegría que me rebosa y una seguridad imperturbable: siento que algo muy grande se me ha dado, como una salvación definitiva; sé que no tengo nada que temer… “aunque camine por cañadas oscuras nada temo…”
Siento ganas de perdonar a todos porque me ofendieron sin saber lo que hacían, y ya nada tiene importancia. He empezado por perdonarme a mí mismo, pues he luchado demasiado contra mí, sin aceptarme ni quererme.
Siento misericordia y ternura hacia todos y hacia todo…
Me concediste tu paz en la noche, pero no sólo en la noche del tiempo, sino también en la noche del alma, en esas oscuridades que pasé y que me hacían temblar, en esas tinieblas que me impedían ver el camino, en esas tristezas que me hacían sentirme solo y derrotado.
Concédeme pasar el día en tu paz. Que no pierda tu paz en todo el día, que no me olvide que es un don tuyo la paz, que no me distraiga con estúpidos sueños, que no me drogue con el afán y los deseos del mundo…
Y te pido más. Que pueda llevar un poco de esta paz a los que este año se van a encontrar conmigo; que con mi mirada, mis gestos y mis palabras dé confianza a mis hermanos; que mi aire y mi estilo pacifiquen; que pueda ser un pequeño instrumento de paz en tus manos…

“Por todos partes, que yo vaya por el camino que Tú me indiques.
Oh Dios, vuelve derechos mis pasos…”

Dichoso el que sigue siempre los caminos del Señor. Pero nosotros, nos empeñamos en seguir nuestros propios caminos que no son tan dichosos.
¡Qué tristes y complicados los caminos de los hombres!
Seguir los caminos del Señor, significa ponerse incondicionalmente en sus manos y decirle siempre “”si”. ¿Qué mejor cosa nos podría suceder?
Yo quiero seguir siempre, Señor, el camino que Tú me indiques. Por donde quiera que vaya, en cualquier situación que me encuentre, haz que sepa encontrarte.
“Oh Dios, si alguna vez me equivoco, vuelve derechos mis pasos,
si alguna vez me desvío, vuelve derechos mis pasos;
si alguna vez me seducen otros caminos, vuelve derechos mis pasos,
si alguna quisiera volverme atrás, vuelve derechos mis pasos,
si alguna vez me cansan tus sendas, vuelve derechos mis pasos,
si alguna vez me siento desfallecer, vuelve derechos mis pasos,
si alguna vez tengo miedo de tus caminos, vuelve derechos mis pasos.
Oh Dios, condúceme, protégeme, cógeme, llévame por tu camino”.

“Haz que, hablando no ceda a la calumnia”.

El don de la palabra, tan importante y tan delicado. Es la llave que nos abre un mundo de posibilidades, de creatividad de relaciones personalizantes. Pero, si no se sabe usar es una de las armas más peligrosas, con la que podemos manchar, herir y destruir.
Gracias, Señor, por la palabra, eco lejano de la Gran Palabra que Tú pronuncias. Hoy te pido el buen uso de la palabra. Que sea auténtica, curativa y liberadora. Que yo pueda con mis palabras iluminar o consolar o encender a alguien. Que mi palabra sea portadora de vida, como la tuya…
Que nunca la utilice para la mentira, la guerra o los intereses malos. Que no despoje a nadie del valioso y limpio vestido de su fama. Que no manche con la palabra ni manche la palabra.
Haz, Señor, que mi palabra introduzca siempre la tuya.

“Haz que, teniendo hambre, no ceda a la murmuración”.

El Señor alimentó a los israelitas por el desierto, para que no murieran de hambre, y aun así murmuraban. Jesús multiplicó los panes en sus manos, porque se compadecía de los que pasaban hambre, y aun así murmuraban, Nosotros pedimos a Dios Padre que nos dé el pan de cada día, y aun así murmuramos, porque nunca estamos satisfechos…
Los que no reciben el maná ni los panes multiplicados ni el pan de cada día ¿no tendrían derecho a murmurar?

Yo te pido, Señor, que no ceda a la murmuración. Que a pesar del hambre y el sufrimiento, de la marginación o el olvido, a pesar del accidente o la enfermedad, a pesar de la equivocación o la mala suerte, a pesar de todo, que yo nunca dude de Tí.
Ayúdame, Señor. Ilumíname para que sepa ver tu presencia y tu providencia en todos los acontecimientos.
Que yo nunca te culpe, porque Tú también sufres el hambre conmigo. Que seas Tú siempre, Señor, mi pan, mi riqueza y mi alegría.

“Que estando satisfecho, no me vuelva prepotente”

La tentación de la autosuficiencia. Hace más daño la abundancia que la necesidad, el triunfo que la humillación, el poder que la debilidad. Las riquezas endurecen y el poder corrompe. El que lo tiene todo y se siente satisfecho, se vuelve prepotente.
Líbrame, Señor, de la autosuficiencia y de la prepotencia. Líbrame del orgullo y de la vanidad. Que el triunfo y el éxito no me aleje de mis hermanos, sino que me haga más compasivo. Que el poder me obligue más al servicio. Que la abundancia me recuerde la necesidad de compartir. ¡Ah, y que nunca deje de ver claro que todo lo que soy y lo que tengo es puro regalo tuyo!.

“Haz que pase mis días invocándote”
Hermano, tienes que trabajar mucho en la vida. Tienes que esforzarte por mejorar un poquito el mundo. Tienes que darte y gastarte el favor de los demás. Pero una de tus ocupaciones más importantes es la de invocar a tu Dios en todas las cosas; una de las tareas más dulces es la de alabar a Dios siempre y en todo; uno de tus trabajos más gratificantes es el de reconocer y decir a Dios: Padre; repetir siempre a Dios: Padre; no cesar de invocar a Dios: Padre…

“Sin señores por encima de Ti”
Rezamos muchas veces: “No hay Dios fuera de Ti”. Y es verdad que ideológicamente rechazamos todo tipo de idolatría. Pero en la práctica muchas veces idolatramos a las personas o a las cosas, o idolatramos el propio ego. Ponemos a otros señores por encima del Señor. Les damos nuestras mejores energías, lo mejor del corazón y de la mente…
Pero nosotros queremos servirte a Ti, Señor. Queremos decirte solamente a ti: “Señor”. Que nada ni nadie nos esclavice…
Tú eres el único Señor que da la libertad.
Que no tenga ningún señor por encima de Ti….

email
It's only fair to share...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageShare on LinkedInEmail this to someone

Materiales Litúrgicos y Catequéticos

A %d blogueros les gusta esto: