Oración por todos los marginados del S.XXI

Semana Santa 5Hoy, Señor, a la puerta de la Semana Santa,
en la que Tú subiste por la cuesta de todos los dolores,
venimos a pedirte
por esa enorme turba de seres marginados que puebla
nuestro siglo.

Tú lo sabes: Nunca fue mayor nuestro orgullo
y nunca fueron más los seres machacados.
Nunca brilló tan alta nuestra ciencia
y nunca fueron más los solitarios.
Ningún siglo triunfó como este nuestro
y ninguno ocultó, tras el brillo, tanto llanto.

Por eso hoy nos volvemos a ti para decirte:
Por el amargo cáliz que bebiste en el huerto
acuérdate de tantos como beben ahora un cáliz de miseria.
Por el beso traidor con que te vendió Judas,
ten piedad del muchacho al que alguien, sonriendo, ofrece
el beso traicionero de la droga.
Por tus manos atadas camino del Cedrón
recuerda nuestras cárceles atestadas de cólera.
Por la hora en que huyeron tus apóstoles y te dejaron solo,
ten piedad de las niñas violadas, del hogar destruido.
Por el golpe alevoso con que un siervo cobarde cruzó tu
Santo rostro,
piensa en los torturados de las comisarías,
piensa en los secuestrados, en los asesinatos en nombre de
sueños e ideas de locura.
Por la risa y las bromas con las que los soldados te hicieron
un juguete de burla,
perdona las mentiras, el orgullo, las trampas de los que hoy
convierten el poder en un juego.
Por el agua podrida con que Pilato se lavó las manos,
acuérdate de tantos que buscan y no encuentran un gramo
de justicia.
Por la túnica blanca con que te injurió Herodes,
apiádate de los locos maltratados y de los subnormales
ofendidos.
Por tu primera caída camino del Calvario,
acuérdate de esa extrema marginación de los que ni siquiera
llegaron a nacer.
Por tu segunda caída,
cuídate de los niños golpeados por sus padres.
Por tu tercera caída,
acompaña y sostén a los jóvenes parados.
Por la ayuda que un día te prestó el Cireneo,
dásela Tú a tantos enfermos mal queridos y siempre
abandonados.

Por tu sed en la cruz,
ten piedad de los que mueren de hambre.
Por la soledad de tu Madre,
sé tú el compañero de tantos ancianos solitarios.
Por tu cuerpo querido que yace en el sepulcro,
haz que también descansen los dolores del mundo,
para que resuciten contigo
y el domingo de Pascua
encontremos un mundo de resucitados,
un mundo que no tenga ya hombres de segunda,
un mundo en el que todos puedan gustar tu gozo.

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