Oraciones al Espíritu Santo

Dispensador de vida

Espíritu Santo,
Dispensador de vida:
abre nuestra inteligencia
y aviva en nuestro ser
el deseo del Dios vivo.

Modela nuestro corazón
al ritmo del canto nuevo.
Un canto que nos llene
de alegría y de fuerza:
porque tú eres, Espíritu Santo,
el enviado de Dios, la fuerza de Dios,
la verdad de Dios.

Que por ti conozcamos al Padre,
que por ti conozcamos al Hijo,
que por ti vivamos la novedad
dada a luz en la noche de la Pascua.
Amén.

Familia de Dios

Espíritu de Jesús,
enséñanos a comprender ,
que en Jesús nosotros somos
raza y familia de Dios.

Espíritu de Dios,
muéstranos el Camino.
Espíritu de Dios,
muéstranos la Verdad.

Espíritu de Dios,
muéstranos la Vida.

Espíritu de Dios,
muéstranos la Alegría del reino nuevo
y de la tierra nueva. Amén.

No nos dejes huérfanos

Cristo, Señor,
no nos dejes huérfanos.

Envíanos el soplo del Espíritu
que nos haga saltar de alegría.
Envíanos el Espíritu
que seque nuestras lágrimas.
Envíanos el Espíritu
que haga surgir nuevas esperanzas
y nos muestre los caminos
que nosotros solos no podemos seguir.
Envíanos el Espíritu
que haga germinar en nosotros
la palabra que nos dejaste
y los gestos que realizaste entre nosotros
para que no se apaguen
los signos del reino que has inaugurado
y vive y vivirá para siempre. Amén.

Mándanos tu Santo Espíritu

Señor Jesucristo,
tú nos prometiste el envío
del Espíritu Santo consolador.

Que tu Espíritu nos dé seguridad y audacia
para proclamar tu nombre por siempre.

Que tu Espíritu nos dé
la fuerza de ser anunciadores del reino.

Que tu Espíritu nos dé
inteligencia para vivir nuestra realidad
amándola y sirviéndola,
anunciando y denunciando.

Que tu Espíritu nos dé
las palabras justas que la persona comprende
y sabe guardar en el corazón
para que la semilla germine. Amén.

Espíritu revelador

Espíritu Santo,
muéstranos la presencia de Jesús:
en los que guían el rebaño,
en los que presiden las iglesias locales,
en los que dan un vaso de agua,
en los que encienden lámparas nuevas,
en los que sufren en silencio,
en los que vuelven a casa después de perderse,
en los que entregan su vida,
en los que ven estrellas en la noche ciega,
en los que anuncian futuro,
en los que no se buscan a sí mismos,
en los que hacen justicia con verdad,
en los que padecen la justicia injusta,
en los que ven a Dios en medio del silencio,
en los que sonríen cada mañana, en los que andan a tientas,
en los que tientan el sufrimiento de los pequeños,
en los que vigilan al alba para ver signos nuevos,
en los que… Amén.

Vida, justicia y luz

Envíanos, Señor, tu Espíritu
que es vida, justicia y luz.
Dios, tú quieres la felicidad
de los hombres y mujeres creados a imagen
y semejanza tuya;
Dios, tú amas la vida, no la muerte,
la justicia, no la violencia.
Arranca, por la fuerza del Espíritu dador de vida,
todo lo que hay en nosotros
que nos lleva a luchar unos contra otros.
Que suenen en nuestros corazones,
miedosos y cobardes, las palabras de paz
que el Espíritu pronuncia
como sonoro mensaje de mañana pascual:
«La paz esté con vosotros».
«Os dejo mi paz.»
Señor, envíanos el Espíritu.

Derrama tu Espíritu

Derrama, Señor, tu Espíritu
sobre los hombres y las mujeres,
sobre los jóvenes y los ancianos,
sobre los que están arriba y sobre los pequeños,
sobre los cuatro puntos cardinales.

Derrama, Señor, tu Espíritu
en los corazones de toda criatura
hecha a imagen y semejanza tuya;
en la boca de todos
que pronuncian tu nombre
o silencian y niegan tu existencia;
en los ojos que admiran la creación;
en las manos que continúan tu obra creadora.

Derrama, Señor, tu Espíritu sobre los que te confiesan,
sobre los que dudan, sobre los que aman,
sobre los que esperan,
sobre los que están solos,
sobre los que sufren sin esperanza.

Derrama, Señor, tu Espíritu
sobre las palabras de los hombres y mujeres,
sobre los silencios de los hombres y mujeres,
sobre la lengua de los hombres y mujeres,
sobre los cantos de los hombres y mujeres
que hoy viven y se desviven.

Derrama, Señor, tu Espíritu
sobre los que construyen el mundo, nuestro mundo,
sobre los que trabajan por el bien,
sobre los que viven y los que sobreviven,
sobre los que llenan de belleza la creación,
sobre los que trazan caminos de futuro y novedad.

Derrama, Señor, tu Espíritu
sobre las casas de los hombres,
sobre las chabolas de los hombres sin casa,
sobre las ciudades y pueblos,
sobre los centros de cultura y de trabajo,
sobre los sintecho y sin nada.
Derrama, Señor, tu Espíritu sobre nosotros
que te pedimos ahora y aquí
la fuerza de tu Espíritu de Vida. Amén.

El Espíritu sopla donde quiere

«En aquellos días el Señor bajó en la nube, habló con
Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los sesenta ancianos; al posarse sobre ellos el espíritu se pusieron enseguida a profetizar: Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad; aunque estaban en la lista no habían acudido a la tienda, pero el Espíritu se posó sobre ellos y
se pusieron a profetizar en el campamento. Un mucha-
cho corrió a contárselo a Moisés: “Eldad y Medad están profetizando en el campamento”. Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: “Moisés, señor mío, prohíbeselo”. Moisés le respondió: “¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el Espíritu del Señor!”.» (Nm 11,25-29).

Danos, Señor, tu Espíritu
para reconocer las obras del Espíritu
más allá de nuestra orilla,
más allá de nuestras miras.

Danos, Señor, tu Espíritu
para alegrarnos con la profecía
de los hombres y mujeres
que no son de los nuestros
y tienen el espíritu.

Danos, Señor, tu Espíritu para no ser celosos,
para no imponer leyes al Espíritu,
para reconocer que tu Espíritu
sopla donde quiere y cuando quiere.

Danos, Señor, tu Espíritu para reconocer su palabra
allí donde ella surge y se pronuncia
sin pedirnos permiso a nosotros,
los que nos creemos personas espirituales.

Danos, Señor, tu Espíritu
para cantar con toda la creación
la obra de tus manos,
la presencia de tu palabra,
la llamada de tus signos.

Danos, Señor, tu Espíritu para no ser celosos,
para no imponer leyes al Espíritu. Amén.

Portadores de Espíritu

Ven, Espíritu de Dios,
haz de nuestro corazón tu casa
y haznos portadores de Espíritu,
transparentes a la luz y a la verdad.

Ven, Espíritu de Dios,
y conduce todo lo que hay en nosotros de don
para que seamos don para los demás.

Ven, Espíritu de Dios,
y realiza en nosotros tu obra de santificación.
Sin ti no podemos percibir los signos de los tiempos,
ni recordar las palabras del Maestro,
ni alimentar los sentimientos de ternura del Padre de la parábola.

Ven, Espíritu de Dios,
entra en lo más íntimo de nosotros para que podamos reconocer
la huella de Dios que nos habita,
la presencia que nos desvela el misterio, la alegría que colma nuestro corazón.

La obra del Espíritu

Espíritu de Dios
que reúnes sin confundir,
que hablas sin aturdir,
que susurras sin imponer,
realiza tu obra en nosotros
que caminamos hacia el Padre
en comunión con el Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Perdona nuestro pecado,
danos capacidad para asumir nuestras heridas,
haznos personas de amor concreto
hacia nuestros semejantes.
Aparta de nosotros la mentira, la apariencia,
la superficialidad, el rencor,
el pesimismo, la cobardía.

Danos la fuerza nueva
que hace posible trabajar por un mundo justo,
reconciliado y reconciliador,
donde sea posible
tratar al otro como hermano
sin mirar raza, lengua o color.

Espíritu de Dios
vivifica nuestra esperanza, robustece nuestra fe,
enciende nuestro amor
para proclamar ahora y por siempre
la gloria del Padre y del Hijo. Amén.

Tengo necesidad

Espíritu Santo, ¡ven!
Tengo necesidad de que me pongas en pie
y me lances como lanzabas a los Apóstoles:
tengo necesidad de Fuerza, tengo necesidad de ti.

Espíritu Santo, ¡ven!
Tengo necesidad de discernir
lo que es deber y lo que es antojo,
lo que sana y lo que daña: tengo necesidad de Luz,
tengo necesidad de ti.

Espíritu Santo, ¡ven!
Tengo necesidad de Fuego
que incendie mi corazón y dé calor:
tengo necesidad de Amor,
tengo necesidad de ti.

Espíritu Santo, ¡ven!
Tengo necesidad de dilatar las fronteras de mi ser
y ampliar mi espacio interior:
tengo necesidad espiritual,
tengo necesidad de Espíritu.
Espíritu Santo, ¡ven!

Caminar en el Espíritu

Espíritu Santo, eres viento:
llévame donde quieras;
eres brisa:
déjame respirar lo nuevo; eres fuerza:
levántame del suelo;
eres vida:
dame pasión por la vida;
eres alimento:
nútreme de tu savia;
eres luz:
ilumíname con tus rayos;
eres calor:
calienta mi existencia;
eres libertad:
hazme libre;
eres fecundidad:
cúbreme con tu sombra;
eres agua viva:
dame de beber;
eres respuesta:
dame fuerza para decir sí
al Padre, al Hijo
y a ti, Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
quedan aún muchos muros que han de ser derribados,
aún no sabemos hablar
la lengua que todos entiendan,
y hay tantas guerras inhumanas.

Ven, Espíritu Santo,
porque no somos hermanos,
no conocemos el nombre
ni de los que son cercanos,
rechazamos al de fuera,
a los pobres, a los negros.

Ven, Espíritu Santo,
y enséñanos a rezar y saber decir Jesús,
proclamar su testimonio
con la palabra y la vida.
Ven, Espíritu Santo,
para grabar en nosotros la imagen viva de Cristo.
Ven, Espíritu Santo, amigo y huésped nuestro, VEN.

A quien te pregunte

A quien te pregunte por tu oración,
contéstale: pido el Espíritu.
El conocimiento del Padre y del Hijo
te lo enseña él en el silencio.
La palabra de fe que brota de tus labios
se recrea en su aliento.
El gozo que tienes de amar al Señor
es fruto de su presencia.
(…) La audacia para soñar y crear un mundo nuevo
es una llama que él enciende en cada momento.

Ven, Espíritu… Ven, Vida..

Ven, Espíritu del Padre y del Hijo.
Ven, Espíritu de amor.
Ven, Espíritu de infancia,
de paz, de confianza y de alegría.
Ven, secreta alegría
que brillas a través de las lágrimas del mundo.

Ven, vida mucho más fuerte
que nuestra muerte.
Ven, padre de los pobres
y abogado de los oprimidos.
Ven, luz de eterna verdad
y amor extendido en nuestros corazones.

Nada tenemos que te pueda forzar;
pero aquí radica precisamente nuestra confianza.

Nuestro corazón, en el fondo, teme tu llegada;
tan poco te pareces a este corazón tan tosco,
siempre en busca de sí mismo
mas, pese a todo, ésta es justamente la más
sólida garantía de tu venida.

Ven, pues. Renueva e incrementa
tu presencia en nuestro mundo interior,
En ti ponemos toda nuestra confianza,
En ti nos amamos, ya que tú eres
el mismísimo Amor.

Gracias a ti podemos llamar Padre
al mismo Dios, ya que, desde cada uno de nosotros,
eres tú quien grita:
jAbba! ¡Padre queridísimo!
Permanece en nosotros.
No nos abandones nunca.
Ni a lo largo del combate de la vida,
ni cuando ésta toque a su fin y nos hallemos tan solos.
!Ven Espíritu Santo!
(Karl Rahner)

Ayúdame a vivir en la verdad y el amor, ¡Oh Espíritu de Dios!

Señor…
… Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la moneda,
no me dejes inculpar de traición a los demás
por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo
y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo,
ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame
que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar
es un signo de grandeza
y que la venganza
es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito,
déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente,
dame valor para disculparme,
y si la gente me ofende,
dame valor para perdonar.
¡Señor… si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!
(MAHATMA GANDHI)

Ven

Ven, Espíritu Santo – Amor,
apaga en nosotros los fuegos del odio y la violencia,
quema con tu fuego egoísmos e impurezas,
el fuego que purifica y transfigura,
enciéndenos.

Ven, Espíritu Santo – Comunión,
derriba las barreras que dividen a los pueblos y a los hombres, nuestras torres orgullosas, con la fuerza de tu viento,
multiplica los lazos solidarios,
cose las rupturas con el hilo del perdón.

Ven, Espíritu Santo – Luz,
pon entendimiento en las viejas discusiones y rencillas,
enséñanos la lengua común, humanitaria,
la lengua de la tolerancia y del respeto,
que todos podamos valorarnos, comprendernos,
dialogando.

Ven, Espíritu Santo – Maternal,
ensancha nuestro pequeño corazón,
sácanos de nuestra parcela insolidaria,
salir al encuentro de los otros,
valorar a los pequeños
y no volver a dar rodeo ante los pobres.

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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