Oraciones cada día de Pascua

Miércoles de Pascua

No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar.
(De la primera lectura)
Aunque yo no tenga nada, aunque me sienta pequeño y frágil,
contigo puedo facilitar la vida a mis hermanos; juntos podemos sanarles de culpas, de prisas, de pensamientos negativos y resentimientos.

Reflexión

Madrid está vacío, pero esta iglesia está llena. Díganlo por ahí. Así despedía un párroco a los fieles el día de la Vigilia pascual. La «multitud que llenaba casi todos los sitios de los bancos de las naves” se sintió halagada. A mí algo me “sonó raro”, sobre todo viendo el color del pelo de los asistentes… blanco, muy
blanco.
Era cierto: la iglesia estaba casi llena. Todo había sido
precioso, sobre todo los cantos y el desarrollo bello de la celebración. Pero la “lógica” de la argumentación me dio que pensar. Cuando me sitúo en la órbita del Evangelio, la argumentación que tiene como modelo a las matemáticas me parece inadecuada. Lo del Evangelio es mejor argumentarlo con otro tipo de “medidas referenciales”, por ejemplo, con el grano de mostaza, con la levadura, con lo escondido, con los centavos perdidos, con el leproso curado que vuelve y los nueve que se van a casa sin dar gracias…
Me parece que es peligroso autocomplacerse, en los
que somos (¡por muchos que seamos siempre seremos pocos!) y olvidar a los que están fuera, a los que no creen, a los que reniegan… Una Iglesia que se complace en contar a los que vienen y se olvida de ir a los que están fuera me parece que ha perdido una dimensión evangélica importante: la dimensión misionera. Pasear el cirio pascual por la nave central del templo es fácil.
Pasearlo por la plaza pública, ¡eso ya es otra cosa! ¡A
eso estamos llamados!

Oye, Señor…

Señor, tú sabes con quién hago camino,
con quién trabajo, a quién amo,
con quién vivo y me divierto,
a quién ayudo y a quién necesito.
Toda mi vida está rodeada de personas,
porque la vida está llena de encuentros…
Querría tratar a cada uno como si fueras tú,
volcarme en los hermanos y ser para ellos.
La misión que tú das a mi vida es vivir para otros,
regalarme, ayudar, acompañar y gozar juntos.
Sé tú mi compañero en todo momento,
el amigo invisible que me da pistas para vivir.
Juntos compartamos nuestro estar en el mundo para que donde estemos, se esté un poco mejor, para que en los conflictos, pongamos armonía
y llenemos juntos el mundo con tu Amor.

Sugerencias

. Haz una relación de las personas que tratas y preséntaselas al
Señor.
. Reflexiona sobre tu forma de actuar como hermano para los
otros.
. Pide al Señor que te ayude a ser.

Salmo

Que se alegren los que buscan al Señor:
Dad gracias al Señor invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas.
Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor:
Recurrir al Señor ya su poder
buscad continuamente su rostro.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.
(Salmo 104)

Pensamiento

Haznos gente alegre a tus seguidores, que lo contemos a los hermanos, y que nuestra forma de tratamos sea un canto a tu confianza y a tu Amor.

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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