Orar al atardecer

Al llegar el ocaso del sol, contemplando la luz de la tarde, nace en nosotros un hondo deseo de gratitud y reconocimiento a
Dios por todo lo maravilloso que, en nosotros y a través de nuestra cooperación, ha realizado; por todo el amor con que ha quedado bañado el día que ya acaba.
Si la salida del sol hace referencia al nacimiento de nuestra vida, la puesta del sol llama a tomar conciencia del fin de nuestra existencia terrena. Es un momento propicio para considerar a Cristo como meta de nuestro camino hacia el encuentro con Dios Padre.
Por la tarde regresamos a casa. Es un momento ideal para experimentar la comunidad familiar. Contamos experiencias, hablamos de anécdotas ocurridas; nos sentimos acogidos y acogedores. Volver a casa significa volver a los orígenes de uno mismo, encontrarse consigo mismo y con los que han dado y dan sentido a la propia vida.
Así, recordando a nuestros padres, nos acordamos de Dios Padre; recordando a tantos amigos, compañeros, hermanos, recordamos a Cristo que camina a nuestro lado, como el Hermano, el Amigo que nunca falla.
El sabernos familia nos abre a sentirnos Iglesia; y el vernos como Iglesia nos lleva a dar gracias al Espíritu de Amor, que da vida a la Iglesia y que está presente en nuestra vida; al Espíritu Santo, que nos hace descubrir a Cristo Amigo, que camina en la tarde hacia Emaús con dos de sus discípulos; al Espíritu, que nos hace descubrir a Cristo en su Palabra y en el compartir la mesa en familia.

Orar al final del día

El silencio de la noche nos sobrecoge. Nos descubrimos poseedores de la capacidad de admirarnos y maravillarnos. Nos admiramos y maravillamos del contraste entre el ruido, el ajetreo, los gritos del día y el silencio de la noche. La voz de Dios, la presencia de Dios, no la escuchó el profeta en el huracán ni en el trueno ni en la tempestad, sino en la suave brisa, que lleva al encuentro con uno mismo, y de ahí al encuentro con Dios.
Nos admiramos y maravillamos de ese gran flah que es la presencia del sol durante el día, en contraste con la luz tibia de la luna, que, ruborizada por las miradas de los hombres, llora salpicando estrellas. Sí, todo eso y mucho más nos introduce en el santuario de la creación y en el de nuestro corazón.
Y, desde ahí, rezamos.
Rezamos al final del día porque queremos escuchar en el silencio la Palabra de Dios, y, desde esa Palabra, revisar las actitudes y acciones que hemos vivido durante el día, que está dando ya sus últimos bostezos.
Esa oración es el último diálogo con Dios antes de entregarnos al reposo nocturno; por eso quiere ser, al mismo tiempo, una expresión explícita de continuar bajo la protección de las manos de Dios Padre. Cristo, antes de morir, exclamó: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu.»
Al entregarnos al sueño, queremos hacer de ese momento una continuación de la alabanza a nuestro Padre Dios; por eso rezamos. Y en la oración nos unimos a Jesús, que con su grito, con su plegaria, expresa la confianza en el Padre y el amor que del Padre ha experimentado.
Rezar, en ese momento del día, es como encender la lámpara que vigila nuestro descanso. La oscuridad, las sombras, no apagan la llama de la presencia de Dios Padre en nuestra existencia, encendida por la oración. La llama de la presencia de Dios guía y acompaña, ilumina y fortalece. Continúa siendo aquella llama de fuego que, de noche, guiaba al pueblo de Israel por el desierto.

Acaba el día

Un día más que se acaba.
A esta hora, quiero acudir ante Ti
para presentarte las acciones de esta jornada,
como buen trabajador o administrador
de los bienes que hoy me has concedido.
Aquí te presento lo que hoy he hecho;
respondo ante Ti de mis obras,
de las buenas y de las malas.
Todo lo pongo ante tu mirada de Padre,
porque sé que me amas y sé que me ayudarás,
para que mañana me «salgan» mejor las cosas.
Gracias por las cosas buenas que hoy he hecho.
Perdona las otras.
Acoge, sobre todo, Señor,
los esfuerzos por caminar junto a Ti,
en el día que acaba.
A tus manos entrego mi sueño y mi descanso,
porque sé que no me dejarás solo.

Quédate con nosotros

Quédate con nosotros; la noche está cayendo.
¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.
¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.
Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.
Arroja en nuestras manos, tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa.
Liturgia de las Horas

Al atardecer

Vengo, Señor, cansado del trabajo,
cansado de la lucha y de mí mismo;
dame, Señor, la fuerza de tu brazo,
alivia la fatiga del camino.
Y, donde nuestros logros fueron pocos,
tu gracia abunde en frutos infinitos.
Esperando esta hora de silencio,
recorrimos la senda de este día,
para hablarte, Señor, para escucharte
y confiarte zozobras y alegrías.
Junto a Ti al caer de la tarde
y cansados de nuestra labor,
te ofrecemos, con todos los hombres,
el trabajo, el descanso, el amor.

Al fin del día

Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el Pan de la Eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad de tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
Liturgia de las Horas

Corazón canta

Señor, mi corazón rebosa de agradecimiento
por tantos dones y bendiciones tuyas.
No bastaría el canto del corazón y de los labios,
si no pusiera mi vida a tu servicio,
para darte testimonio con mis acciones.
A Ti la gratitud y la alabanza.
Tú me has sacado de la nada y me has hecho tu elegido;
me has hecho feliz
con tu amor y tu presencia.

Cántico de Simeón

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre… Lc 2,29-32

Hora de la tarde

Hora de la tarde, fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos de tus viñadores.
Al romper el día,
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas, nos lo das de balde,
que, a jornal de gloria, no hay trabajo grande.
Das al vespertino
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú, que eres la viña, cuida los sarmientos.
Liturgia de las Horas

Gracias, por lo que me das

Gracias, por la noche apacible;
gracias, por las estrellas;
gracias, por el silencio.
Gracias, por el tiempo que me diste;
gracias, por la vida;
gracias, por la gracia.
Gracias, por estar contigo, Cristo.
Gracias, por recibir en tus manos
este paquete de mis dones para ofrecerlo al Padre.
Gracias.

(Michel QUOIST)

Descanso

Señor,
gracias, porque he sentido
hoy tu presencia
en mis hermanos los hombres.
Gracias,
porque no me he cruzado de brazos
con un gesto de dejadez o impotencia.
Gracias,
porque me das oportunidad
para reparar mis fuerzas.
Señor, dame a mí,
junto con todos mis hermanos,
un buen descanso en la noche,
y un nuevo amanecer ilusionado
y comprometido.

¡Enciende mi corazón!

Señor,
no tengo más remedio que admitirte.
Tú eres el que viene, cuando todos se van;
el que se queda, cuando todos se marchan;
el que se enciende, cuando todo se apaga;
el que nunca falta.
Haz un milagro más:
que mi corazón sea una tierra
donde tu Palabra fructifique.
Que mi corazón sea una fiesta
para que todos, al verme,
se sientan felices,
con ganas de vivir.
Señor, Tú, que lo enciendes todo,
enciende mi corazón,
para que despierte del sueño,
dispuesto a seguirte mejor.

Quédate conmigo

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.
Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé, curioso,
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.
Porque ardo en sed de Ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.
Liturgia de las Horas

Final de la jornada

Dios Santo y misericordioso,
que, por medio de Jesús,
te llegaste hasta nosotros
para hacernos compañía
a lo largo de nuestra vida,
te confío la noche que marca
el final de esta jornada.

Te la entrego con toda mi confianza,
a Ti, Señor del día y de la noche,
del trabajo y del descanso,
de la alegría y de la esperanza.
Todo te lo confío, en espera del nuevo día,
hasta el gran día en que me despierte
en tu casa del Cielo, para siempre.

En tus manos…

Padre, en tus manos, mi vida:
con todos sus trabajos por Ti emprendidos,
con todas sus penas soportadas por Ti,
con toda su miseria que clama a tu bondad.
En tus manos, mi pasado:
donde tiene tu misericordia tanto que perdonar,
y tu omnipotencia tanto que suplir,
y tu justicia tanto que castigar.
En tus manos, mi presente:
con las angustias que lo oscurecen,
con las penas que lo atormentan,
con el dolor que lo invade.
En tus manos, mi porvenir:
porque lo has preparado con amor eterno,
porque sé muy bien a quien me confío,
y estoy seguro que no me has de faltar.
En tus manos, mi alma:
para que la purifiques con la Sangre Divina de Jesús,
y la recibas con benigno abrazo,
y la guardes eternamente junto a Ti.
En tus manos, mis seres queridos:
para que cuide de ellos tu Corazón de Padre,
para que te sirvan como Tú esperas,
y te den gloria según tu voluntad.
Padre mío, en tus manos entrego mi vida,
en tus manos acepto la muerte,
en tus manos confío mi eternidad.
En tus manos, Padre mío, es decir,
en el abismo de amor insondable
de tu Divino Corazón.

¡Gracias, Señor!

Cuando la luz del sol es ya poniente,
«gracias. Señor» es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor, que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.
jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran Día. Amén.
Liturgia de las Horas

Súplica

Haz, Señor, que tenga limpias las manos,
limpia la lengua y limpio el corazón.
Ayúdame a luchar,
buscando el bien, aunque me cueste,
evitando el mal, que es lo más fácil.
No dejes que me acostumbre a estar lejos de Ti.
Enséñame a trabajar con constancia
y a obrar rectamente, aunque nadie me vea.
Tú siempre me ves.
Perdona mis fallos
y ayúdame a perdonar a aquellos que me ofenden.
Que sea capaz de ayudar a los otros,
también cuando me fastidia hacerlo.
Padre, da me ocasión de hacer el bien cada día,
para que así pueda estar más cerca de Jesús.

Quédate, Señor

Quédate, Señor, con nosotros,
que nos da miedo la soledad
y perderemos la pista,
si no estás a nuestro lado.
Hemos conocido el día que se va:
pasó la mañana, pasó la tarde,
llegaron las tinieblas;
una jornada más.
El silencio nos deja solos
y miramos nuestras manos
laboriosas durante la tarea.
Gracias, por lo que hicieron.
Esperamos al amanecer,
que llamará a nuestra puerta;
y volveremos de nuevo
a negociar tus talentos.
El camino que termina
no es el fin de la meta;
sólo es parada en la noche,
en nuestra marcha hacia el Padre.

¡Buenas noches, padre!

Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.
Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos,
en tu presencia, mejor.
A la sombra de tus alas,
Padre nuestro, abríganos.
Quédate junto a nosotros
y danos tu bendición.
Antes de cerrar los ojos,
los labios y el corazón,
al final de la jornada,
¡buenas noches!, Padre Dios.
Liturgia de las Horas

Atardece

Atardece, anochece, el alma cesa
de agitarse en el mundo
como una mariposa sacudida.
La sombra fugitiva ya se esconde.
Un temblor vagabundo
en la penumbra deja su fatiga.
Y rezamos, muy juntos,
hacia dentro de un gozo sostenido,
Señor, por tu profundo
ser insomne que existe y nos cimienta.
Señor, gracias, que es tuyo
el universo aún; y cada hombre
hijo es, aunque errabundo,
al final de la tarde, fatigado,
se marche hacia lo oscuro
de sí mismo; Señor, te damos gracias
por este ocaso último.
Por este rezo súbito. Amén.

Liturgia de las Horas

Descubre tu presencia

Te busco desde el alba, Señor,
y ya es de noche.
¡Descubre tu presencia!
Desde el alba fría rastreo tus pisadas.
Te busco como un niño medroso
al que asusta la mentira del mundo,
el despotismo de los fuertes, la farsa organizada…
¡Descubre tu presencia!
Te busco, Señor.
Sé que existes, sé que estás a mi lado,
aunque mis ojos no te vean
y muchos me digan que no existes.
¡Descubre tu presencia!
Desde el alba, Señor, te estoy buscando.
y mi esperanza no muere,
porque Tú eres mi esperanza.

¿Quién eres, Señor?

¿Quién eres, Señor,
para que pueda encontrarte en los otros?
¿Quién eres, para que te encuentre
en mis padres, hermanos, amigos, vecinos?
Señor,
quiero creer sinceramente
que, en la medida en que me doy a los otros,
me entrego también a Ti, Dios de la acogida.
Señor,
quiero entrar en el juego que Tú me has propuesto:
encontrarte en los que tienen hambre y sed.
Intuyo el misterio de ese juego,
pero no puedo expresarlo;
igual que no soy capaz de expresar
la promesa de una nueva casa para todos.
No veo esa nueva tierra y esa nueva casa,
sino mucha gente sin tierra ni casa.
Sin embargo,
quiero colaborar en construir una casa para todos.
Señor, yo creo en tu promesa
y quiero luchar para que se haga realidad.

Una sencilla copia

Descendiste de tu trono
y te acercaste a la puerta de mi choza.
Yo estaba solo,
cantando en mi rincón,
y mi melodía cautivó tus oídos.
Descendiste y te acercaste
a la puerta de mi choza.
Tienes muchos músicos buenos en tu salón
y a todas horas escuchas allí canciones.
Pero la sencilla y pobre copla de este principiante
encandiló tu corazón.
Mi ingenua y lastimera melodía
se perdió entre la gran música del mundo.
Pero Tú descendiste
con una flor como premio
y te paraste a la puerta de mi choza.
Rabindranalh TAGORE

PARA ORAR JUNTOS

1.- Fin de las labores

INVITACIÓN
Al final de la jornada, nos ponemos delante de Dios y reconocemos que este día ha sido un regalo que El nos ha concedido.

CANTO

ORACIÓN
S Te damos gracias, Señor,
T por el día que termina
y por todas las cosas
que de tu mano hemos recibido.
S Tú eres un Dios cercano
T Estás siempre a nuestro lado,
aunque nosotros no te reconozcamos.
S Tú eres un Dios misericordioso.
T Conoces nuestros pasos
y la profundidad de nuestro corazón.
S Tienes palabras de perdón.
T Amas la justicia,
y los justos verán tu rostro.

PALABRA DE DIOS

“Llevad a la práctica la Palabra, y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. Pues el que escucha la Palabra, y no la pone en práctica, se parece a aquel que se miraba en el espejo y, apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era. Pero el que se concentra en el estudio de la Ley perfecta -la que hace libre- y es constante, no como oyente olvidadizo, sino para ponerla en obra, éste encontrará la felicidad» (Sant 1, 22-25).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Cómo he cumplido mi deber hoy? ¿He ofendido a alguien? ¿He dejado de hacer algo porque me resultaba costoso? ‘

ORACIÓN DE FIELES
Por los que no saben escuchar a Dios.
(Oración en silencio.)
Por los que no se toman en serio su propia vida.
Por los que cierran el corazón a las necesidades de los demás.
Por los que se sienten solos, abandonados.
Por los que han perdido la confianza en sí mismos.
(…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
Nuestro recuerdo final es para María: «Dios te salve, Reina y Madre de misericordia».

2. Demos gracias al Señor

INVITACIÓN
Al final del día, damos gracias al Señor.

CANTO

ORACIÓN
S Gracias por el día que nos has regalado.
T El sol que amaneció
ya va de caída,
después de haber dado vida a la tierra.
Sabemos muy bien, Señor,
que Tú eres el origen del universo.
Cuando la tarde declina
nosotros te damos gracias
y reconocemos que todo lo hemos recibido
de tus manos de Padre bueno.
S Somos frágiles, Señor.
T Tú nos conoces muy bien
y conoces el peso de nuestros fallos.
No tengas en cuenta lo que hicimos mal,
y perdona nuestras culpas y pecados,
porque Tú eres bueno
y sabes perdonar.

PALABRA DE DIOS
«Los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, sin complacernos a nosotros mismos. Cada uno cuide de complacer al prójimo para su bien, para su edificación; que Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: sobre mí cayeron los ultrajes de quienes te ultrajaron» (Rm 15,1-3).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Cuál ha sido hoy mi responsabilidad ante los deberes que tengo? ¿De qué no estoy contento? ¿Qué gestos de servicio a los demás he realizado hoy?

ORACIÓN DE FIELES
S Por los que entregan su vida al servicio de los demás, para que sean siempre generosos, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que son felices, para que transmitan su felicidad
a los que viven a su lado, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que saben poner paz allí donde están, para que no se cansen de trabajar por la paz, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que nos educan, para que tengan fuerzas en su tarea
y nosotros colaboremos con ellos, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S (…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
S Terminamos con una oración a la Virgen:
T Dios te salve, María, llena estás de gracia de Dios, y el Señor está contigo.
Ruega al Señor por nosotros, que somos pecadores y que vivimos como hijos olvidadizos. Ruega por nosotros, para que aprendamos a decir sí, como Tú lo hiciste, y que nuestra vida esté llena siempre de la presencia de Dios. Amén.

3. Cae la tarde

INVITACIÓN
Después de una jornada de trabajo, al caer de la tarde, damos gracias a Dios por todos sus beneficios.

CANTO

ORACIÓN
S Al salir el sol elevamos hacia Dios nuestra mirada.
T y ahora, al atardecer, damos gracias a Dios
por todo cuanto este día
ha supuesto para nosotros.
S Te presentamos las obras de nuestras manos.
T Hemos estado en la viña de la vida,
haciendo la tarea del día;
hemos vivido con los que están a nuestro lado,
como compañeros de fatigas.
Te presentamos en este momento
todo lo que hemos construido,
con las manos y con la inteligencia
que has depositado en nosotros.
Gracias, Señor, por tu confianza
y por tu invitación a colaborar
en la obra de la creación,
que Tú mismo iniciaste.

PALABRA DE DIOS
«Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en El todas vuestras preocupaciones, porque El se interesa por vosotros» (1 Pe 5,5b-7).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Te has tomado en serio el trabajo de este día? ¿Reconoces que todas tus cualidades no son mérito tuyo, sino regalo de Dios? ¿Te has acordado hoy alguna vez de Dios?

ORACIÓN DE FIELES
S Por todos los que buscan ser mejores. Roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los jóvenes que arriesgan su vida en favor de los demás, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que son incomprendidos, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los enfermos y necesitados, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por nuestras familias, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S (…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
S Recordamos en nuestra oración a la Virgen y le decimos:
Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, en esta tarde, volvemos hacia Ti nuestra mirada y te suplicamos: danos fuerza para seguir a tu Hijo Jesús, para ponernos a su disposición, como lo hiciste Tú.
Enséñanos, Madre, a creer y a hacer lo que Jesús nos dice.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. Amén.

4. A Ti levanto mis ojos

INVITACIÓN
Demos gracias al Señor de la vida en este nuevo atardecer y dirijamos a El nuestra oración.

CANTO

ORACIÓN
S Te damos gracias, Señor.
T A Ti levantamos nuestros ojos, a Ti,
que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
así están nuestros ojos fijos en el Señor,
esperando su misericordia.
S Ten misericordia de nosotros.
T Se nos hace pesada la jornada
y llega a nosotros el cansancio;
se mezclan alegrías y tristezas,
a lo largo de los días.
Señor, ponte a nuestro lado,
para que no nos trague el pesimismo.
S Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
T Que hizo el cielo y la tierra.

PALABRA DE DIOS
«No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano, o juzga a un hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y, si juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino su juez. Uno es el legislador y juez: el que puede salvar o perder. Pero tú. ¿quién eres para juzgar al prójimo?” (Sant 4,11-12).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Cómo me he portado hoy con los que me rodean? ¿Qué puesto tiene en mi vida la oración? ¿Qué sentido doy a mi vida?

ORACIÓN DE FIELES
S Por los que viven haciendo la guerra, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que se aprovechan de los demás, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que no tienen corazón para dar, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que están en grupos de formación, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que tienen problemas familiares, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S (…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
La Virgen se hace presente también en nuestra oración.
«Dios te salve, María, llena eres de gracia» …

5. Yo confío en el Señor

INVITACIÓN
Vimos nacer el sol. Lentamente ha recorrido su camino y ya está entrando en el ocaso. En esta hora de la tarde, damos gracias a Dios.

CANTO

ORACIÓN
S Nosotros esperamos en tu bondad, Señor.
T Porque nos amas y nos proteges.
S En tu amor ponemos nuestra confianza.
T Nosotros confiamos en Ti, Señor.
S Hablaremos de Ti a nuestros hermanos y amigos.
T Proclamaremos las alabanzas de tu nombre en medio de todos.
S Has sido bueno con nosotros.
T Tu gracia nos ha acompañado durante este día.

PALABRA DE DIOS
«Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración» (Rm 12,9-12).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Cómo realizo mis deberes? ¿En qué se nota que soy cristiano? ¿Devuelvo bien por mal?

ORACIÓN DE FIELES
S Por los que se llaman cristianos, pero no se preocupan por serio, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que critican a todos, y no soportan ser criticados por nadie, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por los que engañan a otros, guiándolos por caminos malos o peligrosos, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por las familias de cada uno de los presentes, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S Por aquellos que sufren en silencio o pasan inadvertidos, olvidados, roguemos al Señor:
T Te rogamos, óyenos.
S (…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
S Nos acordamos de la Virgen al terminar este día:
T Bajo tu protección nos acogemos,
Santa Madre de Dios.
No deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

6. En la tarde

INVITACIÓN
Un día más ha pasado. Hemos disfrutado de él; por eso, ahora, con el corazón agradecido, nos dirigimos a DIOS, que es el Señor del tiempo y nos regala la vida.

CANTO

ORACIÓN
S Tú nos buscas, Señor, y nos llamas hacia Ti,
T desde la mañana hasta el atardecer.
S Venimos de una jornada nueva, que hemos recorrido gracias a que Tú nos has conservado la vida.
T Nosotros te damos gracias y reconocemos tu mano a nuestro lado.
S Tus amigos te alabamos, Señor.
T Llegue nuestra oración hasta Ti, como el incienso de la tarde.
S Tus obras son grandes, Señor.
T Las has hecho todas con sabiduría y cariño.

PALABRA DE DIOS
“Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por malo insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque vuestra vocación mira a esto: a heredar una bendición» (1 Pe 3,8-9).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Qué sentido doy a mi vida? ¿Devuelvo mal por mal? ¿En qué se ha notado hoy que creo en Dios? ¿Cómo pongo en práctica los propósitos y compromisos tomados?

ORACIÓN DE FIELES
S Danos, Señor, fuerza para ser fieles también en las cosas pequeñas. (Oración en silencio.)
Danos, Señor, un corazón comprensivo y perdonador.
Danos, Señor, alegría para entregarnos a tu Evangelio.
Danos, Señor, constancia para cumplir nuestros compromisos.
Danos, Señor, ojos para reconocerte en medio de la vida.
(…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
S Nos acordamos también de la que es Madre de Dios y Madre nuestra:
T María, Madre de Dios y Madre nuestra, en esta tarde, míranos. Somos tus hijos. Sabemos que, aunque no siempre somos como debiéramos, Tú no nos dejas solos. Si caminamos contigo, podremos llegar a Jesús, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

7. La luz de la tarde

INVITACIÓN
Si te has fijado alguna vez con atención en la luz de la tarde, verás que tiene algo especial. La naturaleza se vuelve misteriosa al atardecer. Es el momento de la profundidad, del reconocimiento, de las palabras importantes. Nosotros, en este final del día, pronunciamos las palabras que los creyentes dirigen a Dios, y hacemos unos momentos de oración.

CANTO

ORACIÓN
S Tu fama, Señor, llena el universo.
T Tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra.
S Tú eres Dios y Señor de la creación.
T La has puesto en nuestras manos.
S Eres, Señor, un Dios que confía en el hombre.
T Pero nosotros muchas veces confiamos sólo en nosotros
y olvidamos que Tú eres nuestro Dios.
S Al término de nuestras tareas, te damos gracias, Señor.
T y bendecimos y aclamamos tu nombre.
S Esperamos siempre en Ti.
T Y te proclamamos y alabamos en presencia de todos los hombres.

PALABRA DE DIOS
«Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados» (Col 3,16).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿Vivo feliz? ¿Malgasto el tiempo, las cualidades que tengo? ¿Cómo practico la palabra de Dios que escucho? ¿Qué gestos de generosidad he tenido hoy?

ORACIÓN DE FIELES
S Por los que se llaman cristianos, pero no viven como cristianos.
(Oración en silencio.)
Por los que viven tristes y buscan la felicidad donde no está.
Por los que tienen problemas familiares.
Por los que están perseguidos.
Por los que son engañados por otros.
Por los que sufren enfermedades.
Por los que tienen dificultades para vivir en la amistad de Dios.
(…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
S Miramos a la Virgen María y rezamos:
T Virgen Madre, Virgen Auxiliadora, mira a tus hijos; sé Tú nuestro auxilio y nuestro refugio, para que podamos vivir hoy y siempre el mensaje de tu Hijo Jesús y así llevemos a nuestro mundo la luz de tu Evangelio. Amén.

8. Gracias, en la tarde

INVITACIÓN
Poco a poco, cuantos estaban dispersos en las tareas del día volverán a su casa. También las aves del cielo buscarán un lugar para reposar. Es la hora del retorno a la casa de donde salimos. En esta hora, nosotros, los creyentes, damos gracias a Dios, creador del cielo y de la tierra.

CANTO
ORACIÓN
S Nuestro Dios merece una alabanza.
T Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida.
S El Señor sostiene a los humildes.
T y humilla hasta el polvo a los soberbios.
S Entonad la acción de gracias al Señor.
T El cubre de nubes el cielo y hace brotar hierba en los campos.
S Alabemos juntos por siempre al Señor Dios.
T Porque el Señor aprecia a sus fieles, a los que confían en su misericordia.

PALABRA DE DIOS
“Somos obra de Dios. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que El determinó que practicáramos» (Ef 2,10).

REFLEXIÓN PERSONAL
¿He sido hoy egoísta? ¿Qué buenas obras he hecho hoy? ¿Sé ver en los demás las cosas positivas o, por el contrario, sólo veo los defectos, sin tener en cuenta los míos propios?

ORACIÓN DE FIELES
S Señor, ayuda a los que creen en ti.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, asiste al Papa y a los obispos.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, aleja de nosotros todo peligro.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, pon a nuestro lado testigos del Evangelio.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, haz que seamos jóvenes santos.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, asiste a los ancianos en sus dificultades.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, mira a nuestras familias.
T Escúchanos, Señor.
S Señor, bendice el esfuerzo de nuestros trabajos.
T Escúchanos, Señor.
S (…)

PADRENUESTRO

ORACIÓN A LA VIRGEN
S Invocamos también a María:
T Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de cuantos han implorado vuestros favores
haya sido abandonado de Vos.
Animados por esta confianza, acudimos a Vos,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y aunque gimiendo
bajo el peso de nuestros pecados,
nos atrevemos a comparecer
ante vuestra presencia soberana.
No despreciéis nuestras súplicas,
oh Madre del Verbo; antes bien,
acogedlas favorablemente y escuchadlas. Amén.

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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