Para terminar y empezar el año

2015_16GRACIAS y PERDÓN

Las dos palabras más necesarias siempre, pero especialmente en estos momentos finales del año.

Gracias

La palabra más bonita. ¿Cuántas veces la hemos repetido en 2015? ¿Cuándo te ha salido más bonita, más auténtica, más emocionada? ¿No tendrías que haberla dicho alguna vez más? ¿Y cuántas veces te han dicho a ti gracias? ¿Has sabido aceptar?
Gracias significa reconocimiento del don y del donante. El don puede ser más o menos valioso, el donante siempre es un dios. Cuando alguien te regala no sólo te da cosas, o tiempo, o servicio, o lo que sea, sino que te da amor en cada cosa o tiempo o servicio o lo que sea. El que da es que te ama. Tu agradecimiento debe estar bañado de amor.

Gracias, en primer lugar, a Dios. ¿Eres consciente de que todo en ti es gracia suya? ¿Vives la gratuidad? Y gracias a Cristo: en Él la gracia se hace río caudaloso. Y gracias por la fe.

Gracias por la vida. ¿No es un don para ti? Muchos han colaborado para que tú vivas. Gracias por las cosas importantes y por las cosas pequeñas. Gracias por los hechos, los gestos, las palabras, las escuchas, la cercanía, la paciencia… Gracias por la salud, por cada amanecer, por el aire, el agua, los alimentos y las medicinas. Gracias por el trabajo, por ser útil, por poder dar algo a los demás.

Gracias a la familia, y a la otra familia, la del espíritu; gracias a los compañeros y amigos… ¿A quién más? También al que te ha hecho sufrir, pero que a la larga te ha hecho bien. Gracias por ser amado y por tener a quién amar.

Gracias no es una palabra, ni siquiera un sentimiento, es una actitud, un talante y un estilo de vida, es una vida. ¿No te gustaría que tu última palabra fuera GRACIAS? Una bonita manera de terminar esta maravillosa aventura.

Perdón

Perdón es una de las palabras que cuesta más trabajo pronunciar. Reconocer que hice mal, que me he equivocado, que fui débil, o ciego, o injusto, o malo. Pedir perdón es rebajarse, ceder, suplicar; pero es fruto de la verdad, de la humildad, del amor.
Cuando alguien pide perdón sinceramente, se humilla, pero se enaltece; cuanto más se rebaja, más se eleva, y cuanto más le cuesta, mas le dignifica.
Por eso, perdón es la segunda palabra más bonita.
– ¿Cuántas veces has pedido perdón este año? ¿No tendrías que haberlo pedido alguna vez más?
– ¿Te ha llamado la atención alguien que haya perdido perdón públicamente?
– Si te han pedido perdón, ¿has sabido perdonar?, ¿habría algo o alguien a quien no perdonarías?
– ¿A quién has pedido perdón? ¿A Dios? ¿Te confiesas?
– ¿A quien más has pedido perdón? ¿Has hecho sufrir a alguien? ¿No tendrías que haber pedido perdón a muchos que ya se fueron, que ya no están contigo?
– ¿No tendrías que pedir perdón, no ya por lo malo que hayas hecho, sino por el bien que has dejado de hacer? ¿Has dejado de ayudar a alguien, cerca o lejos?
– ¿No tendrías que pedir perdón a los pobres? Así lo enseñaba San Vicente de Paúl. ¿No tendrías que pedir perdón a los que mueren de hambre y miseria cada día? Son muchos miles diarios.
– ¿Y no tendríamos que pedir perdón por nuestra indiferencia con los demás, por nuestra frialdad y lejanía, por no ayudarles mejor, por no gratificar su vida?
– ¿No debes a alguien alguna palabra bonita, alguna felicitación, alguna ayuda, alguna sonrisa, alguna compasión, algún perdón?

Perdón: también podría ser una buena palabra para el final de la vida.
Así que terminemos siempre: el día, el año, la vida, diciendo: GRACIAS y PERDON.

EL PRÓXIMO AÑO, MÁS

Ahora miramos hacia adelante. Es que Dios no se cansa de regalarnos. Nos quiere dar otra vez 365 días, 365 talentos, 365 oportunidades de crecer, de crear, de ser felices en el amor.
Alguien me pasó esta tarjeta
El próximo año, un Todavía:
. Todavía tendré ocasión de querer a los que no me gustan.
. Todavía pondré ilusión en realizar el trabajo de cada día. .Todavía experimentaré la gratuidad de Dios.
.Todavía aprenderé a ser humilde recordando la familia de Nazaret.
. Todavía podré reaccionar ante la injusticia, y hacer mío el dicho evangélico: «La Verdad os hará libres».
. Todavía sembraré la paz en mi entorno, sabiendo que esta paz nace en mi corazón.
. Todavía, Señor, seguirás actuando en mi vida para conseguir que, si no puedo cambiar el mundo, será importante que el mundo no me cambie a mí.
. Todavía, Señor, estarás en la marginación y el sufrimiento, para que yo pueda verte.
. Todavía creo, Señor, que tú me quieres, a veces a pesar mío.
. Todavía, Señor, los 365 días del próximo año me darás la oportunidad de practicar la Ley del Amor.

Gracias, Señor, porque tú, cada día, en el próximo año, siempre seguirás creyendo en el ser humano.
Son, como ves, diez Todavías. Pero tú puedes continuar indefinidamente:
Todavía puedo despojarme un poco mas de cosas que me sobran y compartir mejor. ¡Dichosos los pobres!
. Todavía puedo ser más sufrido y paciente con mi hermano v conmigo mismo. ¡Dichosos los sufridos!
. Todavía puedo estar más cerca de los que sufren. ¡Dichosos los que lloran!
. Todavía puedo ser mejor profeta de la justicia. ¡Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia!
. Todavía puedo ser más entrañable y compasivo, más cercano y cordial. ¡Dichosos los misericordiosos!
. Todavía puedo limpiar más mi corazón y llenarlo de luz y de Espiritu. ¡Dichosos los limpios de corazón!
. Todavía puedo construir y sembrar más paz y reconciliación. ¡Dichosos los pacíficos!
. Todavía puedo dar más la cara por los pobres y los inocentes, aunque me la partan. ¡Dichosos los que padecen persecución por la justicia!
Y todavía puedo terminar ese proyecto, hacer esa visita, acercarme a esa persona, escribir esa carta, superar ese defecto o dependencia, mejorar mi carácter, cultivar más mi fe, aceptar ese compromiso, dar más de mi tiempo, sonreír más, confiar más, esperar más, amar más…

Y EL PRÓXIMO AÑO, Sí

Otra de las bonitas palabras: Sí. Opción por la afirmativa. Es una actitud permanente de apertura y acogida, de participación y compromiso, de ilusión y de esperanza. Decir Sí es creer, es esperar, es amar. Sí a Dios, sí al otro, sí a la vida, sí a la historia, sí a sí mismo.
Dios dijo Sí, y fue la Creación. Cristo dijo Sí y fue la Redención. María dijo Sí y fue la Encarnación. La Iglesia dice Sí, y es la Creación continuada, la Redención continuada, la Encarnación continuada. El hombre dice sí, y es el progreso liberador.
Ahora, ante el próximo año, Sí. Es la aceptación del regalo y del compromiso. Sí a todo lo que Dios me vaya dando y te vaya pidiendo. Sí al gozo y la esperanza, sí al trabajo y la siembra, sí al sufrimiento y la contrariedad, sí a la relación amistosa o novedosa, sí a lo cotidiano o sorpresivo, sí a la palabra y al silencio, sí al amor como quiera que se me ofrezca o se me solicite.
Sí, pequeña y gran palabra. El no es pequeña y fea, a no ser que sea la otra cara del sí. Porque a veces se dice no, pero es sí; como los noes y las nadas de San Juan de la Cruz: no para que sí. Un no a un placer puede ser un sí a la felicidad, un no a un consumo puede ser un sí a la libertad, un no a la petición de un hijo puede ser un sí al hijo, un no a una relación amorosa puede ser un sí al amor… No importa tanto el sonido, sino el sentido; no la letra, sino el espíritu; no la forma, sino el fondo, no la fórmula, sino el dinamismo; no la palabra, sino la actitud.
Sí también es una de las más hermosas palabras. Quedaría bien para terminar. La Biblia termina diciendo: Sí… Amén, que es un redondo Sí.

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