Para una reflexión bautismal

MARCADOSBautismo 3

Todo lo importante lleva su marca de fábrica, también el cristiano tiene su marca de fabricación. El cristiano quedó marcado por el Bautismo. Fueron los padres y padrinos y el sacerdote quienes, al comenzar la celebración del bautismo le marcaron haciendo una cruz en su frente.

Desde entonces llevamos nuestra marca.
Desde entonces se nos conoce por nuestra marca.
Desde entonces estamos llamados a vivir nuestra marca.
Una Cruz, no como signo del dolor y sufrimiento, sino como “marcados por el amor de Dios”, como “marcados como hijos de Dios”, como “marcados como hijos predilectos de Dios”.

Es posible que no llevemos esa marca tan visible como los autos u otros productos, pero siempre tendrá que manifestarse en nuestras vidas.
Vivir conscientes de que somos hijos.
Vivir conscientes de que somos “predilectos de Dios”.
Vivir conscientes de que somos amados y llamados a amar.
Vivir conscientes de que tenemos que vivir en coherencia con nuestra identidad.

No se trata de vivir de imposiciones y obligaciones.
Se trata de vivir en coherencia con nosotros mismos, con lo que somos.
La marca de Dios es “amor”. La marca del cristiano es “ser amados”.
La marca de Dios es “ser para los demás”.
La marca del cristiano es “vivir para los otros”.

¿Acaso has borrado de tu vida la marca que te define?
¿Acaso has borrado de tu vida la marca que te da identidad?
No me digas que eres alguien “sin marca definida” porque entonces cómo reconocerte. Tampoco me digas que has cambiado de marca porque entonces has renunciado a tu propia identidad.

PREGUNTAS SOBRE TU BAUTISMO

¿Sientes lo importante que es el Bautismo en tu vida?

¿Sabes qué día fuiste bautizado? Averigua.
¿Sabes en qué Parroquia fuiste bautizado? Búscala.
¿Sabes qué sacerdote te bautizó? Pregunta.

¿Has celebrado alguna vez el aniversario de tu Bautismo?
Aún estás a tiempo de hacerlo.
¿Vives a la luz de tu Bautismo?
Aún puedes hacerlo.

¿Te sientes marcado y señalado por tu Bautismo?
¿Ven los demás que realmente eres un bautizado?
¿Crees en Dios desde la verdad de tu Bautismo?
¿Vives desde tu condición de “hijo el amado”?
¿Sabes que el Bautismo te hizo miembro de la Iglesia?

Creo que tienes una tarea que cumplir porque estoy seguro de que muchas de estas preguntas no las sabes.
Sería importante que recuperes esta conciencia bautismal.
Se trata de buscar no tu árbol genealógico sino tus raíces.

FOTOGRAFÍA DE DIOS

¿Cuántas veces te asomas cada día al espejo para ver si tu cara necesita de alguna pequeña restauración? ¿Cuántas veces tratas de restaurar el rostro de Dios impreso en ti por el Bautismo?

¿Nunca te han dicho que te pareces muchísimo a tu padre o a tu madre? ¿Alguien te dijo alguna vez cuánto te pareces a tu Padre Dios? Sin embargo, eres: por creación, su “imagen y semejanza”, y por el Bautismo, “su hijo amado”.

Jesús dijo en una ocasión: “quien me ve a mí, ve al Padre”. Y quien te ve a ti, ¿a quién ve realmente? Eres la única fotografía que el hombre puede tener de Dios. ¿Eres un rostro de Dios en blanco y negro o eres el rostro de Dios en colores?

Cuando a tu hijo le dices que Dios es Padre, ¿sabes en qué piensa? En ti, su padre. ¿Revela tu paternidad el verdadero rostro humano de la paternidad divina de Dios? Tu paternidad puede ser un camino o un estorbo para que tus hijos descubran el rostro de Dios Padre.

Si a tu rostro se le apega el polvo de los caminos, a tu alma se le apega el polvo de tus debilidades, fragilidades y caídas. El polvo te lo quitas lavándote y el pecado te lo puedes quitar confesándote. ¿Valoras la confesión como al agua que lava cada día tu cara?

Dios Padre te regaló a su propio Hijo para que te abriera los caminos de la vida. ¿Tendrás tú la generosidad de regalarle a Dios alguno de tus hijos para que ayuden a caminar a los demás?

Cuando mueras no habrás muerto del todo porque ahí quedan tus hijos como otros recuerdos tuyos que seguirán hablando de ti, como Jesús hablaba de su Padre.

¿CÓMO ERES?

Cada uno es lo que quiere ser. Así de simple. Cada uno es responsable de lo que es y de lo que deja de ser. ¿Por qué culpar a los demás de nuestras inmadureces o de nuestras irresponsabilidades? Dime qué has dejado de hacer para que yo te diga lo que te falta. Dime cómo has vivido tu identidad bautismal y te diré lo que eres.

La vida se va haciendo a pedacitos. No pretendas serlo todo en un sólo día. Te llevarías demasiadas desilusiones y terminarías por abandonado todo. Es preferible que hagas sólo lo que puedes y debes hacer cada día. El resto déjalo para otro día.

Para ser grande te basta hacer cosas pequeñas. Con las cosas sencillas y pequeñas de cada día es mucho más fácil ir construyéndote a ti mismo, sin necesidad de esos esfuerzos superiores a tus fuerzas. No podrás trasladar una montaña, pero hoy puedes trasladarte a ti que eres más que una montaña. Trasladarte de tu vulgaridad a tu propia grandeza.

Eres lo que tú mismo te crees. Lo que pasa es que siempre te estás mirando a ti mismo y no puedes descubrir tu propia estatura. Mírate a la luz de tu Bautismo y de lo que Dios piensa de ti y verás cómo tu estatura se alarga y crece. Es que Dios tiene otro ángulo de visión que el tuyo.

No te empeñes en achicarte que tu vocación es la de ser grande. Cuanto más te empeñas en achicarte a ti mismo, Dios más se empeña en alargarte, estirarte. Es que a Dios le encantan las cosas pequeñas, pero le fascina la gente que quiere ser grande por dentro. Por eso María, la de Nazaret, le cayó tan en gracia… Por fin había encontrado una mujer que siempre quiso dar su propia medida. Y tu medida es tu Bautismo.

Que tu pasado no impida tu crecimiento de hoy ni el de mañana. Se crece mirando para adelante y no para atrás. Muchos santos también tuvieron un pasado sin demasiada luz y son santos. No por ese pasado, sino porque encendieron todas las luces en su presente y en su futuro, encendieron las luces de su Bautismo.

Para ser tú mismo y dar tu propia talla, no cuentes sólo con tus fuerzas. Te quedarías corto. Necesitas de una fuerza nueva. La de la gracia bautismal. La gracia te estira, te alarga hasta que logres la medida de Dios en ti, que es tu propia medida. No trates de hacerlo tú todo. Deja que Él haga lo suyo en ti.

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2 pensamientos sobre “Para una reflexión bautismal”

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