¿Problema de ovejas o de pastores

ovejas y pastorEn cuarto domingo de Pascua se celebra el Día del Buen Pastor. Hablamos mucho de las ovejas del Pueblo de Dios. Nos lamentamos mucho de que hay demasiadas ovejas enfermas en su fe; debilitadas en su vida cristiana, o que las ovejas que abandonan el rebaño y se van a buscar nuevos pastos en otros rebaños. Pero uno se pregunta si todo será culpa de las ovejas o también de los pastores.
No olvidemos que Jesús se declara a sí mismo “el Buen Pastor” y sí habla de la actitud de las ovejas, pero siempre en relación a la vida de su pastor. Benedicto XVI en su discurso a los nuevos Obispos, en su Curso tenido en Roma, tiene palabras de aliento para ellos como pastores, pero también tiene frases que los responsabilizan. Y cita un texto de Pablo VI en su Exhortación “Evangelii nuntiandi” que hoy debiéramos recordar:
“Los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos salvarnos nosotros si, por negligencia, por miedo, por vergüenza o por falsas ideas omitimos anunciarlo?” (EN n 80) Y añade de su propia cosecha: “Que este interrogante resuene en nuestro corazón como llamada a sentir la prioridad de la evangelización.”
El problema del Pueblo de Dios como rebaño es también problema de nosotros los pastores. Jesús no nos pide ser pastores como nos venga en gana, ni siquiera lo deja a nuestro criterio y a nuestras ideas. Él mismo marca el camino con su propio ejemplo. “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco a todas y ellas me siguen, y yo doy la vida eterna.”
¿Nos escuchan hoy a nosotros?
Porque para escucharnos necesitan sentir que les decimos lo que ellas necesitan y no lo que a nosotros se nos antoja decirles. Mi pregunta suele ser, con frecuencia, ¿por qué la gente se aburre con nuestras homilías? ¿Por qué la gente no siente interés por escucharnos? Hay una razón para mí fundamental: “Es preciso conocerlas” y conocerlas en su realidad y en sus problemas y en sus aspiraciones y en sus necesidades.
Es posible, y lo reconozco personalmente, que leamos demasiados libros escritos, pero leamos poco el libro escrito en la vida de nuestros fieles, de nuestro pueblo, de nuestras ovejas. Es ahí donde podremos hablar de aquello que Dios quiere que les digamos y que ellos necesitan escuchar.

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