¿Qué hemos visto de camino?

Testigos de la Resurrección¿Y nosotros qué hemos visto de camino?

La Secuencia de la Misa de Resurrección se dice: “¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?” Es la pregunta que todos debiéramos hacernos. ¿Qué hemos visto esta Noche en la Vigilia Pascual? ¿Qué hemos visto esta mañana de Pascua?

María es el símbolo de la verdad de la Pascua en la experiencia de la Iglesia. En primer lugar, es la experiencia de quienes siguen creyendo que Jesús está muerto y lo buscan en el sepulcro. En segundo lugar, es la experiencia de la sorpresa del encuentro con el resucitado en el jardín. La primera gran experiencia pascual es sentir que el Resucitado pronuncia nuestro nombre.

La experiencia del resucitado no es el encuentro con las ideas y las teologías de la Resurrección, es la experiencia de sentirnos llamados por nuestro nombre. Lo primero que hace Jesús es decir nuestro nombre. Es sentirnos tocados en nuestro corazón por la presencia y el amor del que estaba muerto y ahora está vivo.

María es de las que lo sigue creyendo en el sepulcro, pero el sepulcro está vacío. Allí no quedan sino vendas y sudario. Los sepulcros no son el lugar de encontrarnos con el que está vivo. Ahora hay que buscarlo en el jardín, aunque sea confundiéndole con el “hortelano”. Ahora a Jesús hay que buscarlo allí donde hay vida porque solo la vida puede hablarnos de Resurrección.

El sepulcro vacío habla solo de que él “no está allí”. El jardín habla de que “es El, que está vivo”. El sepulcro vacío habla de “ausencia”. El jardín habla de “presencia”. El sepulcro vacío invita y expresa la duda del corazón. El jardín donde resuena su voz invita y expresa la certeza del corazón que ha encontrado y ha visto.

La Resurrección de Jesús se hace creíble allí donde podemos ver, allí donde podemos escuchar su voz, allí donde sentimos que alguien dice nuestro nombre, allí donde se escucha la voz de la vida.

Cada uno de nosotros puede ser ese sepulcro que induce a la duda, pero también puede ser ese jardín que anuncia al Resucitado. Cada uno de nosotros está llamado a anunciar al que está vivo, porque hemos escuchado su voz pronunciando nuestro nombre. Seremos también nosotros unos resucitados si “hemos escuchado a Jesús decir nuestro nombre”, si hemos escuchado su voz “llamándonos por nuestro nombre”.

¿Qué hemos visto hoy nosotros? ¿La vida vacía o el jardín donde suena la voz de la vida? ¿Hemos visto vendas y sudarios o hemos visto flores que cantan y alaban a Dios por el don de la vida?

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