Queremos ver a Jesús

Jesús
El hombre de hoy puede parecer muy indiferente frente a lo religioso. Sin embargo, cuando uno entra en esas intimidades del corazón humano, uno percibe que, en el fondo, el hombre quiere ver a Dios, como aquellos que se acercaron a Felipe diciéndole: “Señor, queremos ver a Jesús.”

Estoy convencido de que el hombre de hoy también nos está diciendo y gritando a nosotros los cristianos: “Queremos ver a Jesús, queremos ver a Dios.” No queremos que nos deis explicaciones sobre Dios, no queremos teorías sobre Dios. El hombre de hoy quiere ver, quiere tocar, quiere experimentar.

En la Iglesia hablamos mucho de Dios. Es posible que muchos ya estén cansados de escucharnos siempre las mismas cantinelas y las mismas explicaciones que, con frecuencia, son más ideas estudiadas que experiencias vividas. Hablamos de lo que sabemos, más que de lo que vivimos.
Nos puede pasar como aquel joven…

Un joven inquieto se presentó a un sacerdote y le dijo:
-‘Busco a Dios’.
El reverendo le echó un sermón, que el joven escuchó con paciencia. Acabado el sermón, el joven marchó triste en busca del obispo.
-‘Busco a Dios’, le dijo llorando al obispo.
Monseñor le leyó una pastoral que acababa de publicar en el boletín de la diócesis y el joven oyó la pastoral con gran cortesía, pero al acabar la lectura se fue angustiado al papa a pedirle:
-‘Busco a Dios’.
Su santidad se dispuso a resumirle su última encíclica, pero el joven rompió en sollozos sin poder contener la angustia.
-‘¿Por qué lloras?’, le preguntó el papa totalmente desconcertado.
-‘Busco a Dios y me dan palabras’ dijo el joven apenas pudo recuperarse.
Aquella noche, el sacerdote, el obispo y el papa tuvieron un mismo sueño. Soñaron que morían de sed y que alguien trataba de aliviarles con un largo discurso sobre el agua.

La Iglesia no anda mal de doctrinas, pero lo que necesita son testigos…

No niego que muchos no tengan interés alguno por Dios. Pero sí creo que la mayoría, en el fondo de su corazón busca algo más que las cosas de la tierra. Como también es posible que muchos lleven ese deseo como escondido dentro. No en vano decimos que “hemos sido creados por Él y para Él” y que Dios no es ningún accidente en nuestras vidas sino algo esencial. “Nos has hecho Señor, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”, decía San Agustín.

Pero el hombre, sobre todo el de hoy, necesita ver. Y el único espacio donde el hombre pueda ver a Dios es en el testimonio de la Iglesia y de la vida de cada cristiano, pero sin tantos rodeos como los de Felipe que no se atreve a dar cara y acude a Andrés. También nosotros podemos caer en la tentación de decir: que eso lo tienen que hacer los demás… Los curas, las monjas… Todos somos rostros de Dios y todos estamos llamados a hacerlo visible.

Cuando murió el sacerdote Amadeo Ayfre, tenía cuarenta y dos años. Con su pequeño coche se había estrellado contra un árbol. Su epígrafe más hermoso fue dictado, aunque involuntariamente, por una actriz: – Qué quiere que le diga –confesó a una periodista que la entrevistaba- era un hombre que, cuando te encontrabas con él, te hacía que te entrarán las ganas de Dios…
Pensad un poco. ¿Os ha ocurrido alguna vez que hayáis provocado en alguien el deseo de Dios?…

Sería bueno que pusiésemos un gran letrero en las Iglesias que nos recordara el testimonio que como cristianos tenemos que dar y que dijera: “¡QUEREMOS VER AL SEÑOR!”

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