Reflexión en torno al Domund

DomundEste domingo la Iglesia ha celebrado el día del DOMUND, dicho más sencillamente: el Día de las Misiones. Este año debiera tener una característica muy especial: La Misión, como el anuncio del amor de Dios al hombre y a todos los hombres.
Vivimos momentos difíciles y de desorientación. Aún entre los mismos cristianos se vive con una cierta sensación de desconcierto. Este año han sido muchos los ataques a la Iglesia desde muchos frentes, que han cogido a muchos fieles un poco de brazos caídos. Chestertón decía: “A fuerza de no creer en nada, terminan creyendo en todo.” Y como dice un refrán: “Católico ignorante, seguro protestante.”
Pero son precisamente estos momentos de crisis cuando más necesitamos formar y fortalecer nuestra fe. Son momentos en los que más necesitamos ofrecerle al mundo una voz de esperanza. Benedicto XVI nos ha regalado su Encíclica “Dios es amor”, principio fundamental de nuestra fe y principio esencial para fundamentar la esperanza. El Papa Francisco: nos regala con el “Jubileo de la Divina misericordia”.
Anunciar al mundo el amor de Dios, pero no un amor vago y genérico, sino un amor personalizado: “Dios me ama a mí.” Seas quien seas, el amor de Dios no está condicionado a nuestra realidad. Ni siquiera está condicionado por nuestra bondad porque Dios ama a todos. A los buenos para que sean mejores y a los malos para que dejen de serlo. Nadie queda excluido de este amor de Dios.
Pero el amor de Dios hay que anunciarlo y testimoniarlo. No basta hablar del amor, hay que ser testigos del amor. El mejor testimonio del amor es “amando”, amando a todos. La gran misión de la Iglesia y del Pueblo de Dios no es tanto decir palabras sobre Dios, sino ofrecer al mundo el testimonio de “mirad cómo se aman”. No hablemos del amor ni de Dios amor, si luego la gente dice: “mirad cómo se odian.”
El mejor favor que hoy los cristianos, que quieran serlo de verdad, podemos ofrecer al mundo será anunciar el amor, ser testigos del amor, viviendo en el amor.
Los odios no abren a la esperanza, el amor sí. Los odios no ofrecen futuro, el amor sí. Los odios no llenan el corazón del hombre, el amor sí. El hombre de hoy está necesitado de muchas cosas, pero sobre todo, está necesitado de amor, de sentirse amado y debe amar. Sólo el verdadero amor da sentido a la vida.

LAS MISIONES, UN QUEHACER Y UNA RESPONSABILIDAD

Para un creyente, consciente de su fe, el anuncio del Evangelio no es algo que se “puede hacer”, sino algo que “se tiene que hacer”. Esta fue la encomienda que Jesús dejó a su Iglesia. “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”.
La razón de la Iglesia no es la Iglesia misma. La razón de la Iglesia es la misión, el envío, el anuncio, el testimonio del Evangelio. “La Iglesia es luz de las gentes.” Luz del mundo y para el mundo. La luz no se alumbra a sí misma. Alumbra a los demás. El sol no se alumbra a sí mismo sino al mundo. Una luz que sólo se alumbrase a sí misma ¿para qué la queremos?
¿Para qué queremos una Iglesia encerrada sobre sí misma? ¿Para qué queremos una Iglesia que sólo se dedica a los de dentro? Sería el sacramento del egoísmo. La Iglesia no es para la Iglesia. La Iglesia es para el mundo, para ser luz de los hombres y no solo luz para los cristianos.
El anuncio es un quehacer y una responsabilidad que Jesús dio a la Iglesia, a toda la Iglesia, y no sólo a unos pocos en la Iglesia. Si nos sentimos Iglesia tenemos que anunciar. Si somos Iglesia tenemos que iluminar.

PENSAMIENTOS MISIONALES

Un fósforo solo alumbra cuando se enciende.
La vida sólo madura cuando crece.

La fe solo se hace luz cuando se comparte.
La fe sólo se madura cuando se anuncia.
La fe sólo se madura cuando se testimonia.
La fe sólo se madura cuando se transmite.
La fe sólo se madura cuando se vive en comunión.
La fe sólo se madura cuando ilumina el mundo.

Nadie enciende una luz para ponerla bajo la mesa.
Nadie enciende una luz y luego se la tapa.

Cuando iluminas tu camino, otros también pueden ver,
aunque sólo tú lleves la linterna.
Cuando iluminas tu habitación,
también los que entran pueden ver.

Los ríos se hacen de pequeños manantiales.
Si cada manantial camina solo nunca será río.
Los manantiales se hacen ríos,
cuando regalan y unen y comparten sus aguas.

Tu vida se madura cuando engendras un hijo.
El amor se madura cuando se ama al otro.

El misionero proclama su fe y la comparte.
El misionero es un hombre maduro en la fe.
El misionero es el hombre o mujer
que valoran tanto su fe que quieren que otros
también puedan creer.

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