Saber retirarse a tiempo

Ascensión 4Saber retirarse a tiempo implica una gran sabiduría. Juan dijo: “conviene que yo mengue para que él crezca”. Jesús dijo: “conviene que yo me vaya”. La Ascensión de Jesús significa tomar conciencia de que su tiempo ha terminado y comienza el tiempo de la Iglesia.
La Ascensión significa saber retirarse a tiempo. Y retirarse a tiempo para que los discípulos crezcan. Para que los discípulos se maduren. Porque mientras El está entre ellos y con ellos, los discípulos viven como pollitos bajo las alas de la gallina.
Saber retirarse a tiempo implica una gran pedagogía.

A los mayores nos cuesta dejar paso a los jóvenes. La razón suele ser siempre la misma. “Todavía no están maduros”. Todavía no son responsables.
Los padres no saben retirarse a tiempo.
Creen que tienen que envejecer sin pasar las responsabilidades a los hijos.
Los maestros creen que sus alumnos todavía no saben lo que ellos saben.
Los sacerdotes no sabemos dar paso a los laicos.
No están preparados.
Y seguimos haciéndolo todo nosotros,
considerándolos a ellos como “menores de edad”.

Jesús es de los que supo retirarse a tiempo.
Tampoco los suyos estaban preparados.
Y el Evangelio lo reconoce. “Algunos vacilaban”.

Y sin embargo, Jesús se fue y los dejó:
Y les encomendó su propia tarea.
“Id y haced discípulos míos de todos los pueblos”.
No les pidió que primero se doctorasen.
Ni que hiciesen un “post grado”.

Así como estaban, con sus dudas en el alma.
Con sus dudas en el corazón.
Sin saber qué hacer ahora que quedaban solos.
No esperó a que madurasen.
También ellos aprenderían haciendo.
También ellos aprenderían equivocándose.

Uno siente que Jesús se fue y los dejó antes de tiempo.
Sin embargo nadie crece
viviendo siempre bajo la dependencia del otro.
Hay que saber soltarlos
y hay que saber independizarse a tiempo.

Bello ejemplo para la Iglesia.
La Iglesia y con ella los sacerdotes queremos seguir siendo las gallinas cluecas que no saben soltar a sus polluelos. Nosotros tenemos que ser quien habla, quien celebre, quien dirija los grupos, quien prepare la Eucaristía, quien se responsabilice de la acción social, quien lleve el botiquín, quien organice la procesión del santo.
Nosotros los responsables de la pastoral familiar, de la pastoral de enfermos, la pastoral misionera.
Nos creemos indispensables y no tenemos fe en nuestros fieles. Todo lo tenemos que vigilar y todo tiene que pasar por nuestras manos.
Así tenemos un Pueblo de Dios “eterno menor de edad”
porque no le dejamos crecer.
Tenemos a nuestros seglares “eternos inmaduros”
porque todo lo queremos hacer nosotros.
No nos fiamos de ellos.
Nosotros hacemos mejor las cosas que ellos.
Estamos más preparados que ellos.
Y así tenemos una Iglesia clerical
pero no una Iglesia laical.
Tenemos una Iglesia de sacerdotes,
pero no una Iglesia de seglares.
Una Iglesia de teólogos,
pero no de gente de la calle.

El problema no está en quién hace mejor las cosas
y quién está mejor preparado.
Sino en saber dar paso a los demás.
Saber dar paso a los que vienen por detrás.
¿Quien duda de que Jesús estaba mejor preparado para anunciar el Evangelio?
Pero Jesús supo retirarse a tiempo.
Era consciente de que todavía no estaban maduros.
Y sin embargo, supo confiar en ellos.
Ellos “todavía dudaban”.
Pero El seguía teniendo fe en ellos, confiaba en ellos.
“Id y haced discípulos míos, de todos los pueblos, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”:
Aprender a retirarse y dejar sitio a los otros. Es la pedagogía de Dios. ¿Y por qué no será la pedagogía de la Iglesia?

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