Se necesitan precursores

Juan Bautista 3La masa tiende siempre a instalarse. Siempre se necesita de alguien que vaya por delante abriendo caminos. La mayoría de la gente es capaz de caminar cuando encuentra caminos, pero no tiene capacidad para abrirlos. Por eso, necesitamos siempre de aventureros del Espíritu que vayan por delante, vayan abriendo trochas y caminos. Claro que todo el que va por delante encuentra demasiadas dificultades. Unos lo llaman loco; otros, atrevido; y otros, un peligro.

También en la Iglesia se requieren de esos hombres sobre los que “viene la Palabra de Dios en el desierto” al estilo de Juan. Porque también la Iglesia tiene la tentación de quedarse, de dejar que pase la historia, aunque luego tenga que correr por detrás de ella para seguirla.

Abrir caminos en la Iglesia no suele tampoco ser muy fácil porque a todos esos “abre caminos” se los mira bajo la lupa de “la sospecha”. Cuando San Pablo de la Cruz fundó la Congregación pasionista, él sentía el impulso del Espíritu a seguir adelante, pero como él mismo decía “en Roma las cosas caminan despacio”, y tuvo que esperar veinte años a que la Iglesia le aprobase las Reglas y Constituciones.

José María Lagrange fue el pionero de todo el movimiento bíblico actual, pero debió de pasar grandes y dolorosas pruebas, hasta la prohibición de escribir nada y no hablar nada. En una ocasión, su amigo el filósofo francés Jean Guitton le preguntó: “¿Qué es para usted un hereje?” Y el P. Lagrange le respondió: “Aquel que llega antes que los demás.” Mientras se abren caminos, se le ordena callar. Pero luego cuando todo el mundo descubre que esa era la verdad, todos lo suben a un pedestal.

En la vida, tanto social como religiosa, se necesitan “abre-caminos”. Alguien que vaya por delante. Van por delante aquellos que saben leer la historia de Dios. Van por delante aquellos que se sienten movidos por el Espíritu y abren camino, como Juan el Bautista, allí donde no hay caminos, como es el desierto.

Andar los caminos andados siempre resulta fácil. Abrir caminos supone riesgo y mucha visión de futuro. Por eso, decía Unamuno, hablando de los héroes y de los santos: “Son unos solitarios, porque nadie los entiende. Y es que ellos escuchan en su corazón lo que el resto no escucha.” Por eso, son “incomprendidos”, son tenidos por “raros” y “extraños”, y, con frecuencia, perseguidos. Ese es el precio de caminar al ritmo de Dios.

email
It's only fair to share...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageShare on LinkedInEmail this to someone

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *