Semana Santa o Cancún

ev4pa06Santas vacaciones

Lo cambiamos todo. No dejamos nada en pie. Ya, para algunos, no es tanto “Semana santa”, sino “Santas vacaciones”. ¡Mira qué bonito queda! Tengo algunos amigos que se van a celebrar la Semana santa a un monasterio; quieren vivir la Pascua con mucha gente; pero la gran mayoría se van a la playa o a participar en las cofradías de su pueblo.
Hoy conviven la semana santa turística con la Semana Santa mística. De una se ocupan las agencias de viajes y de la otra se ocupan las gentes de Dios, como los catequistas, los curas, los cristianos en general. Y los de esta segunda tenemos que poner cuidado para que no nos absorba la semana turística, pues, a nada que te descuides, te montan una juerga familiar, una excursión o una cita que te impide acudir a la celebración que tanto te importaba pero que nadie comprende que sientas la necesidad de asistir…

Incultura religiosa

Noto que cada día sabe menos gente que estamos en Cuaresma y que la Semana Santa tiene que ver con las cosas de Dios. Aunque lo celebremos en catequesis, se recuerde algo en algunos colegios o celebraciones, el ambiente general es de vacaciones más pequeñas que las de verano pero igual de distraídas de las cosas de Dios. El otro día preguntaba yo a unas madres jóvenes a qué les sonaba la Cuaresma, me contaban que a días grises, morados en la iglesia, prohibición de comer chorizo, porque a Dios no le parecía bien, películas rollos en televisión de temas históricos o religiosos, recuerdos tristes de niñez con canciones como… No estés eternamente enojado, perdónanos, Señor…
Nadie se acordaba de la alegría de seguir a Jesús, de ratos de intimidad en diálogo con Él, de agradecimiento por su entrega, de ilusión por haber inventado la Eucaristía, de contagio de vida por enseñarnos a lavar los pies a sus amigos, de entusiasmo en la celebración de Pascua, al sentir que Dios nos pasa de la oscuridad a la luz y del agua que nos purifica y renueva en el seguimiento de Jesús, mientras volvemos a renunciar a un estilo de vida concreto y nos animamos mutuamente a elegir otra manera de vivir…

¿Por qué no entendemos?

Me pregunto yo qué vive la gente mientras está en una celebración, por qué no les calan los ritos, cómo es posible que les dejen indiferentes algunas expresiones y gestos que hacemos juntos que deberían ser transformadores de nuestra historia personal. ¿Celebraciones rutinarias? ¿Participantes que oyen sin escuchar y celebran sin participar desde el hondón del alma? ¿Estaremos habituados a todo de forma que ya no tiene ningún efecto en los adentros? ¿Por qué oímos a Dios de forma tan distinta: unos sentimos que se nos aviva la conciencia de misión, mientras que otros se quedan tan tranquilos, como si la cosa no fuera con ellos?

Cuidar lo esencial

Hemos de cuidar vivir este tiempo para los adentros; organizarnos una semana de vida familiar pero defendiendo los espacios privados de oración, de lectura, de liturgia y de lo que necesitemos para vivirla santamente, como una experiencia religiosa de las que fortalecen la relación con Dios y nos dejan más entusiasmados de lo de Dios, más entusiasmados para contagiar a Dios en nuestro vivir cotidiano.
Corre viento de sindios constante y tenemos el viento en contra. Por eso hemos de buscarnos algún cómplice con el que pactar nuestros espacios de oración, así nos sentiremos más fuertes para defender ese territorio espiritual que necesita ser alimentado especialmente estos días en los que todos quieren campo y playa.
Necesitamos ratos para escuchar lo que el Espíritu está tratando de decirnos para que vivamos de verdad a la manera del Evangelio. Necesitamos recuperar la luz para ver con claridad todo lo que está desapareciendo a nuestro alrededor. Nosotros hemos de iluminar muchas oscuridades que nos rodean y que hacen que la gente viva descontenta, distanciada de sí misma e insatisfecha. Este tiempo litúrgico es un momento especial para fortalecernos, para escuchar al Dios que nos susurra la mejor forma de estar en el mundo en este momento en el que tenemos muchos retos en la Iglesia, en la familia, en la pareja, en el trabajo y en el ocio. Él sigue actuando y nos irá llevando de su mano…

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