“Ser” Navidad, donde es invisible

Navidad 4Dicen que la Navidad es celebrar que Dios se hace hombre para quedarse entre nosotros y hacernos más humanos.
Pero mirando a nuestro alrededor muchos se preguntan si Dios se cansó y se marchó, o si decidió quedarse encerrado en los templos.

La verdad es que hoy no resulta fácil descubrir la presencia de Dios en medio de nosotros. Nos encontramos con muchas situaciones sangrantes que parecen “dejadas de la mano de Dios”.

Pero Dios ni se ha escapado, ni se ha encerrado en nuestras iglesias.
Dios sigue ahí afuera entre las prostitutas, los pobres, los drogadictos, las víctimas de la violencia o de la marginación.

¿Por qué muchas veces no vemos su presencia?
Posiblemente porque faltan personas que lo hagan presente y visible. Somos nosotros quienes estamos llamados a hacer realidad en el mundo de hoy la encarnación de Dios.

Hace dos mil años Dios necesitó de una joven mujer, María, para poder compartir la vida de los hombres empezando en un lugar perdido de Palestina.
En nuestro mundo Dios no se encarna por arte de magia. No baja de algún cielo perdido y de manera espectacular.

Dios se encarna, puede seguir naciendo en nuestro mundo, sólo en la medida en que nosotros estemos dispuestos a hacerlo presente y visible en medio de las situaciones de dolor, de sufrimiento, de injusticia…

No es Él quien esté ausente. Somos nosotros quienes no creamos los cauces para que su Buena Noticia, su Palabra hecha Carne pueda transformar nuestro mundo y hacer que nuestra sociedad sea más humana.
En un momento de la historia Dios se hizo Carne en Jesús de Nazaret. Hoy sólo puede hacerse Carne en cada uno de nosotros.

Eso es posible en la medida en tú y yo nos hagamos presencia cercana a quien sufre. Una presencia que transmita misericordia, perdón, cariño desinteresado, esperanza hacia el futuro… amor capaz de dar la vida por los demás.

El desafío para los cristianos no es celebrar la Navidad, sino el ser Navidad para nuestros hermanos. Ser el signo palpable de la presencia de Dios en medio de aquellos que han sido marginados y abandonados por todos.
Sólo a través de nosotros la humanidad podrá experimentar la cercanía de un Dios que camina con nosotros en cada rincón del mundo, en toda situación humana.

Nos cuesta poco condenar a quienes piensan o actúan de forma distinta a la nuestra. Pero no es ésa nuestra tarea: “No condenéis y no seréis condenados”, enseñaba Jesús.

Nuestra misión es otra: “Id y anunciad que el Reino está cerca” que “el Reino de Dios está en medio de vosotros”.

Celebrar es secundario. Lo importante es ser Navidad, allí donde Dios resulta invisible.

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