Si quieres ver gente desperdigada, id por las iglesias

IGLESIAS CON POCA GENTE EN NAVIDAD. 25/12/2016 FOTO: STIVEN VALECILLOS

La nueva forma de ver se oponía a la manera tradicional de hacer las cosas.
No obstante, las dificultades que entonces veía, continuo viéndolas ahora todavía. Me siento como forastero en un pueblo en el que la mayoría no va a misa.
Y me siento más forastero entre aquellos que vienen a la eucaristía del domingo y no participan en ella. Y es que la iglesia ha dejado de ser un lugar de encuentro.
Hemos definido los sacramentos como un encuentro con Dios, con Jesucristo, pero nos hemos olvidado de su dimensión eclesial, que es un encuentro con los hermanos. Y cuando este elemento humano se pierde (no se habla en él, no se participa de él) se pierde el hecho divino y se vuelve sacral, rito, que es una corrupción de los dos. La fe es relación con Dios, pero no desvinculada de la amistad y el amor humano.
Yo me doy cuenta de que no podemos recuperar lo perdido sin revisar la estructura. La religión no tendrá fuerza de atracción hasta que no se vuelva a los valores humanos. Nos cuesta hacernos a la idea de que el amor humano no es más que el amor de Dios encarnado; y que los sacramentos son el momento de experimentarlo.
La forma como se hacen las cosas en la iglesia (el lugar, el lenguaje que se utiliza) las veo como un gran obstáculo.
Lo he pensado muchas veces durante la eucaristía. En ningún otro lugar como en la iglesia, la persona es tan poco -ella misma.- Basta mirar las caras impersonales, como ausentes. Les he dicho muchas veces: -Tan bien que me recibís en vuestra casa … con aquella naturalidad, aquella alegría, aquella espontaneidad… Solamente en la iglesia me siento mal con vosotros. Cuando os veo tan desperdigados. Los hombres a un lado, y las mujeres al otro. Los primeros bancos vacíos; y mis preguntas sin responderse en voz alta. Me siento solo, como un ser raro, extraño, diferente de vosotros. Así no os puedo hablar…
Esta distancia física es como una amenaza para mí. Una amenaza mutua. Esta religión me hace daño.
Podríamos definir muchas eucaristías como una multitud solitaria.- Y yo me pregunto: ¿Cómo es posible que hayamos podido ignorar que el mensaje de Jesús es un mensaje de unión y de amistad y que la fe sólo la podemos vivir desde la amistad? ¿Cómo no recelar, pues, de muchas de las eucaristías que celebramos, como una forma disimulada de ateísmo? Porque, a fin de cuentas, si no nos queremos, en qué creemos?
A veces, echando una ojeada por esas iglesias, al ver la manera como se coloca la gente durante la eucaristía he dicho: Realmente si queréis ver gente desperdigada, id a las iglesias. Aquello parece la boca de un anciano: un diente por aquí, otro por allá. Lo he visto en todas partes. ¡Y pensar que a la eucaristía vamos para hermanarnos! Claro que mientras vayamos a misa para hablar con Dios, es lógico que nos concentremos en Él… Algunos, mientras celebro la eucaristía, están rezando. ¡Eso sí que es aprovechar el tiempo! ¡Pluriempleo! digo yo. ¡Ahora que hay tanto paro!

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