Signos pascuales

Signos pascualesJesús, para hacerse reconocer por los suyos, utiliza muchos signos, «dándoles muchas pruebas de que vivía» (Hch 1, 3). Algunos de estos signos son incluso como huellas dactilares: «Mirad mis manos y pies»; «trae tu dedo, aquí tienes mis manos… mi costado». Se podría hacer una hermosa reflexión sobre estos datos personales de Jesús, sus manos, sus pies y su costado.

Sus manos gastadas de tanto dar y servir, de tanto curar y partir, y marcadas por las heridas del amor. «y si alguien le dice ¿y esas heridas que hay en tus manos? , responderá: las he recibido en casa de mis amigos» (Za 13, 6). Las manos son siempre muy significativas.

Sus pies, gastados de recorrer los caminos para anunciar el Reino de Dios y evangelizar a los pobres, en busca de la oveja perdida o prontos a la llamada del amigo, marcados también por las heridas de nuestra ingratitud.

Su costado, toda una rúbrica de su personalidad, que quiere dejar definitivamente abierta, convertida en fuente de salvación.

La comida
Comidas amistosas y fraternales que acompañan a las apariciones. Una vez es el desayuno: pan y peces (Jn 21, 9); otras veces, la comida de mediodía: «mientras estaba comiendo con ellos», inmediatamente antes de la Ascensión (Hch 1, 4), «estando a la mesa los once» (Mc 16, 14); otras veces la cena: «atardece, el día ya ha declinado… se puso a la mesa con ellos» (Lc 24, 29-30); fue en Emaús, pero esa misma tarde-noche comió el pez asado con los discípulos.
Todas estas comidas pascuales tienen un fuerte sabor eucarístico. Es un ambiente cálido, amistoso y agradecido. Jesús renueva el gesto de bendecir y partir el pan, y ésa es la señal definitiva. «Ninguno de los discípulos se atrevían a preguntarle: ¿quién eres tú? Ya sabían que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da» (Jn 21,12-13).

La palabra
Un signo muy importante es la catequesis. «Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras». Iba repasando todos los textos que se referían a él «en la ley de Moisés y en los profetas y salmos». No dejaban ningún palillo por tocar. Hubiera sido bueno que nos hubieran recogido estos comentarios bíblicos de Jesús.
El valor de la Escritura viene de su inspiración. No es autoridad humana, Dios avala esta prueba, como en los milagros. Pero no es fácil, por eso Jesús se siente obligado a explicar. En la Escritura hay mucho ropaje literario y cultural que puede equivocar a más de uno. Pero Jesús era un maestro, cuando enseñaba hacía arder los corazones (cf. Lc 24, 32). Sabía captar el aliento del Espíritu que late en toda palabra de Dios.

Todos estos signos pascuales deben ser ofrecidos por nosotros, para que el mundo crea. Las manos y los pies serían nuestros trabajos y nuestros servicios.

La Eucaristía no es sólo la celebración litúrgica, sino el signo del compartir. La Palabra, que es la Escritura y que es la palabra viva de Dios, que sigue hablándonos de muchas maneras, a través de los pobres, de los signos de los tiempos.

email
It's only fair to share...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageShare on LinkedInEmail this to someone

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *