Sin miedo a los fracasos

Echad las redesNo siempre basta la buena voluntad y no siempre nos sonríe el éxito. También hay momentos en los que el éxito brilla por su ausencia.
No todos son éxitos en la Iglesia. No todos son éxitos en el anuncio del Evangelio. “Aquella noche no cogieron nada.” Son esos momentos de oscuridad que terminan, con frecuencia, invitándonos al desaliento. Hablo por experiencia, no siempre he sido escuchado y no siempre he logrado lo que con todo corazón buscaba en mi predicación. Alguna vez he desistido de ofrecer el Evangelio a alguien, de lo cual luego me he arrepentido y dolido. Felizmente, he ido aprendiendo de la propia experiencia.
Es posible que aquella noche Pedro y los suyos fuesen demasiado confiados en sus propias artes de pesca y fracasaron. Hasta que se apareció Jesús y pudieron “remolcar la red con los peces”.
No somos nosotros los que cambiamos los corazones de los demás. No somos nosotros los que podemos cambiar las vidas de los demás. Esa es obra de Jesús. Por eso, para anunciar el Evangelio necesitamos estar acompañados de Él, confiados en Él. Fiándonos de Él.
Los fracasos también entran en la pedagogía de Dios. Nos enseñan a confiar y fiarnos más de Él que de nosotros. De ahí que el evangelizador primero ha de hablar con Dios y escuchar a Dios. Evangelización y oración caminan juntas son los dos brazos del Evangelio. ¿No será también ésta la pedagogía de los padres cuando ven que sus hijos se alejan de la fe? No basta enfadarse, ni echarles grandes discursos. Primero orad por ellos.

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