Sinceros para con nosotros mismos

Anciano 7Queridos ancianos:

En la vida hay mucha mentira. Vemos a alguien que ya está bastante chatarra y todo el mundo empeñado en hacerle creer que todavía luce como una primavera. A un niño no le vamos a decir que se le ve como a un adulto o un anciano, pero tampoco a un anciano vamos a pretender convencerle que todavía está primaveral.

Como a la primavera la llamamos primavera y no invierno, tampoco le vamos llamar otoño al verano. Somos lo que somos, tenemos la edad que tenemos, y cada uno conserva su propia condición de vida.

Somos tan poco sinceros los unos con los otros, que vivimos tratando de engañarnos mutuamente. Ni los unos somos capaces de decir la verdad a los otros, ni los otros desean que se la digamos. Todos preferimos quedar bien diciendo esas eternas mentiras: “¡Qué bien que se te ve!” “¡Qué bien te conservas!” Sin embargo, todos lo estamos viendo bien decaído, bien venido a menos y bien deteriorado.

Nadie tiene miedo en llamar al niño, niño; al joven, joven; y al adulto, adulto. Pero cuando tocamos a los mayores, ya comenzamos a endulzar la cosa. Y eso me parece una falta de consideración porque:
Me da la impresión de que los ancianos prefieren vivir engañados. Lo cual no es pensar demasiado elegantemente de ellos.
Me da la impresión de que al anciano no se le debe decir su verdad, como si el anciano estuviese más abierto a la mentira que a la verdad.
Me da la impresión de que el anciano no sabe aceptarse a sí mismo y prefiere vivir una falsa imagen de sí.

Esto me resulta una especie de desconfianza del anciano y un miedo a decirle su verdad. Yo estoy convencido de que el anciano quisiera estar mejor, claro que sí, pero tampoco cierra los ojos a su realidad. El anciano sabe medir sus propias fuerzas y es consciente de que ya no es lo que fue. Como decía irónicamente Pemán “se da cuenta de que ya no puede subir las escaleras de dos en dos o de tres en tres.”

No decirle su verdad es pretender desubicarle de sí mismo, de su historia y de su realidad. Lo esencial para vivirse a sí mismo es aceptar su verdad, vivir su verdad y sentirse feliz con su verdad.

Yo prefiero decirles la verdad, aunque se la diga con cierto tino, a engañarles. Que los ancianos no nos acusen de engañarles. Que los ancianos puedan agradecernos de ser honestos y sinceros con ellos.

Vuestro hermano.

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