Tampoco os engañéis

De fiestaPero tampoco os dejéis engañar por vosotros mismos. El autoengaño puede ser peor que ser engañado por los demás. Los autoengaños suelen tener unas expresiones que siempre me han resultado repugnantes. Se trata de autojustificar nuestras faltas de decisión con esos tiempos gramaticales: “quisiera… querría… me gustaría…” Pero nos quedamos en eso “en quisiera”, pero no quiero nunca. “Querría”, pero no quiero jamás.

Es algo parecido a los que se van a la piscina o a la playa. Se ponen el traje de baño y luego no se lanzan jamás a la piscina. Sólo se mojan con las salpicaduras del agua que alguien les tira. No es suficiente ponerse el bañador del “querría”, sino que hay que lanzarse al agua, mojarse y nadar.

La juventud es la edad de las grandes inversiones.
– se invierte tiempo para dedicarse a los estudios,
– se invierte tiempo para dedicarse a los deportes,
– se invierte tiempo para bailar, divertirse, pasearse.

Pero la juventud es la edad de la gran inversión: hay que invertir la vida entera. Quien no invierte no gana intereses. Quien sólo invierte algo nunca será gran negociante. Sólo el dinero que se invierte reditúa intereses. En cambio, el dinero que se gasta en droga, en trago, en sexo, en pasarlo bien, ese dinero se gasta, pero no rinde intereses.

La vida rinde intereses no cuando se la invierte en pasarla monstruo.
La vida rinde intereses cuando se la invierte en ideales grandes, en entregas generosas, en desafíos.
Comentando la frase de Rilke. “es posible creer en Dios y no usarlo”, José Luis M. Descalzo comenta que “es posible que la gente viva sin usar sus vidas, sin invertir sus almas, acoquinados ante el dolor e indecisos ante la alegría…”

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