Tener tiempo para los demás

Caminando como amigosEl teólogo Queiruga cita una frase de Lacaci muy sencilla, pero que dice mucho: “Si la meta es común, ¿por qué este desamor en la carretera?”

Los que corren en la pista, tiene cada uno su propio carril. Todos tienen la misma meta de llegada, pero está prohibido y castigado el que alguien estorbe al otro en el camino. Que cada uno corra según sus fuerzas. Pero sin obstaculizar al otro.

En la vida hay cosas curiosas. Todos tenemos una misma meta, pero en el camino, “en la carretera”, vivimos un profundo desamor los unos con los otros. En la meta somos amigos, pero en la carretera somos enemigos. En la meta nos abrazamos, pero en la carretera nos damos de codazos. ¿Es que no podemos correr también amistosamente? ¿Es que no podemos ser amigos también en el camino?

Dios nos ha propuesto la meta de la Salvación, pero nos ha dicho que para lograrla hay que hacer el camino en la amistad y la fraternidad.

Jesús nos ha encomendado el anuncio y la realización del Reino, pero nos dejó claro que esto sólo será posible si vivimos en comunión de hermanos por el camino.

La Iglesia tiene como meta ser sacramento del Reino, pero para llegar a ello tiene que ser una Iglesia en comunión, no una Iglesia divida, enemistada. Los esposos tienen una meta de comunión, “ya no son dos sino uno”, pero en el camino cuántos codazos de incomprensión se dan.

No basta que nos unan las metas y los horizontes de la vida. Tenemos que hacer el camino en el calor de la amistad, la fraternidad, la solidaridad y el mutuo compromiso.

No basta que a la llegada a la meta nos encontremos con el calor del verano, si durante todo el camino hemos tenido que correr, tiritando del frío del invierno de la falta del amor y de la caridad.

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