La Cuaresma

Comenzamos este tiempo de Cuaresma. Un tiempo serio.
Pero serio, no por la cara de amargados que ponemos.
Sino serio, por la tarea que nos toca vivir.
Es decir, la salida de nuestro Egipto de esclavitudes.
Nuestro camino hacia la libertad pascual.
Con frecuencia, confundimos amargura con espiritualidad.
Confundimos el ayunar con poner cara de pocos amigos.
Confundimos el privarnos de un poco de comida con ser santos.
Y la santidad no está en el estómago.
Como la santidad no está en esa cara de traca que aleja a los demás.
Salir de nuestras esclavitudes no puede ser una expresión de amargados y fastidiados.
Salir de nuestras esclavitudes no puede ser la expresión de dolor de estómago.
Por el contrario, salir de nuestras esclavitudes, tienen que significar:
La alegría de la libertad.
La alegría de vernos libres a nosotros mismos.
La alegría de vernos caminar hacia las alegrías de la Pascua,.
La alegría de vernos felices de nuestro bautismo.
La alegría de vernos salir de los inviernos de nuestras almas.
La alegría de vernos florecer en la nueva primavera de nuestro espíritu.
La Cuaresma es un tiempo de seriedad y responsabilidad.
Pero seriedad no es amargura.
Responsabilidad no es amargar nuestras vidas, como si las esclavitudes fuesen el jardín donde nos encanta florecer.
La Cuaresma, seriedad y compromiso, sí, pero también alegría de un camino.
No demos la impresión de estar siempre con dolor de estómago.
No demos la impresión de estar siempre estresados y decaídos de ánimo.
Yo prefiero para la Cuaresma:
Responsabilidad con alegría.
Seriedad con alegría.
Renovación con alegría.
La alegría debiera ser lo que identifica nuestra cuaresma.
La alegría que identifica nuestras luchas de conversión.
La alegría de nuestras renuncias voluntarias.
Nada de “caras desfiguradas”.
Sino “cabezas perfumadas”.
Vidas que huelen a gozo y esperanza y no precisamente a muerte.
A decir verdad, prefiero cristianos al estilo de Cantinflas, que esos cristianos que, para ser buenos han clausurado su sonrisa y su alegría hasta Pascua, aunque luego, en Pascua tampoco tienen nada de qué alegrarse.
Si ayunas, que no sea para que te vean.
Si ayunas, que no sea para ahorrar como un amarrete.
Si ayunas, que no sea para tener más el día de Pascua.
“El mundo debería reírse más, decía Cantinflas, pero eso sí, después de haber comido”.
“Yo no quiero que se terminen los ricos”.
“Lo que quiero es que se terminen los pobres”.
No ayunemos para ser ricos. Ayunemos para que haya menos pobres.
Sé que los perfumes no están nada baratos. Pero, al menos durante la cuaresma, perfumemos nuestra cara y nuestra cabeza y nuestro cuerpo, con el perfume de la generosidad, con el perfume de la libertad, con el perfume de la alegría de una nueva primavera pascual en nuestras vidas.

Pensamiento: Ayunar es hacer más felices a los otros, aunque tengamos que privarnos de algo.

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