Tiempo para ver las cosas

Man waiting on hospital bed looking out of window, rear view

Queridos enfermos:

Hoy quisiera comentar con vosotros una de vuestras realidades. Comienzo por deciros que, nosotros los sanos, no tenemos tiempo para nada. ¿Sabéis por qué? Sencillamente porque vivimos tan de prisa que todo se nos pasa tan veloz que es imposible ver los detalles.

Antes, con esas carreteras de pueblo, uno viajaba y podía permitirse el lujo de verlo todo. No se podía correr, pero ahora, por las autopistas, mínimo hay que correr a ciento veinte kilómetros por hora. A esa velocidad uno pasa con tanta prisa que cuando queremos ver algo ya la hemos dejado atrás. No nos da tiempo para verlo y pensarlo.

Y no digamos de las prisas de nuestro reloj. Nos pasamos el día mirando al reloj. Nos levantamos de prisa. Desayunamos de prisa. Vamos al trabajo de prisa. Regresamos de prisa. Cenamos de prisa porque tenemos que volver a salir. Todo son prisas.

Por eso mismo, tenemos que confesar que el tiempo se nos escapa de entre las manos. No disponemos de tiempo para nada. No tenemos tiempo para pensar. No tenemos tiempo para mirarnos a nosotros mismos por dentro. No tenemos tiempo para hacer la digestión porque incluso ahora tenemos “la comida al paso”. ¿Cómo vamos a tener tiempo para echarnos una mirada por dentro?

En esto, creo que vosotros nos lleváis una ventaja. Sí. Ya sé lo que me vais a decir, que en vuestra condición de enfermos el tiempo no pasa nunca, el tiempo se hace eterno, el día es larguísimo, y la noche inacabable. También eso es cierto. Nosotros no tenemos tiempo y a vosotros os sobra el tiempo.

¿Y cuál será mejor? ¿Qué nosotros no encontremos tiempo? ¿O que vosotros no sepáis cómo matarlo? Con todo el fastidio de no saber cómo pasar el tiempo, creo que siempre la abundancia será mejor que la escasez. Vosotros tenéis tiempo para todo. La enfermedad podrá privaros de muchas cosas, pero no de disponer de tiempo.
Tiempo para pensar. Tiempo para aburriros. Tiempo para rezar.
Tiempo de escucharos a vosotros mismos. Tiempo para hablar con Dios y escucharle a Él. Tiempo para mirar las cosas sin prisas, para pensar sin prisas, para vivir sin prisas.

Ya sé. Me vais a decir que me cambiáis vuestro tiempo por el mío. Es posible que yo necesite más de vuestro tiempo infinito, para no despersonalizarme. También es posible que el día que disponga de ese vuestro tiempo, no sepa qué hacer con él. Es que en realidad todos padecemos de ese mal. ¿Qué hago yo con mi tiempo? Amigos, si alguien os dijese que “sólo disponéis de una semana” ¿qué harías con ese tiempo? ¿Por qué no hacer lo mismo no sabiendo cuanto es el que nos queda?

Bueno, amigos, perdonad mis filosofías, pero no las olvidéis.

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