Tres palabras

Tres palabras me parecen importantes sobre todo en estos días: Palabra de Dios, Oración, Hermanos.

Palabra: necesitamos centrarnos más en la Biblia, en la Palabra de Dios. La televisión no nos deja espacio para leer, ni para nada. Preferimos vivir viendo a vivir leyendo. Pero lo que vemos lo escogió otro para nosotros. Lo que leemos lo podemos escoger nosotros. Y te propongo escoger la Biblia. El trozo de evangelio de cada uno de los días de Cuaresma, leerlo, meditarlo, gustarlo. Nos centraremos en lo esencial si nos centramos en la Palabra de Dios. Nos sobran palabras. Nos falta LA PALABRA. Esa que no nosotros no hemos inventado y que nos “inventa” una manera nueva de vivir la que a Dios se le ocurrió y Jesús nos proclamó.
En concreto: leer cada día, por la noche, o cuando puedas, el evangelio del día o del día siguiente para que te sirva de guía y meditación a lo largo de la jornada. Si lo puedes hacer con LOS TUYOS, mejor…

Oración: La segunda realidad que me parece urgente. Sin intimidad no hay relación verdadera. Necesitamos orar para conocer lo que Dios quiere de nosotros. Tenemos que decir cosas a Dios de lo que nos pasa, de lo que pasa a los que están a nuestra lado, de lo que le pasa a nuestro mundo. Sí, esto es cierto. Pero no menos cierto es que necesitamos escuchar la intimidad que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dios también tiene cosas que decirnos y nos las dirá en la oración. Una oración de silencio es la que te propongo, o al menos un tiempo de silencio no para no escuchar nada, sino para escuchar a Dios.
En concreto: rezar al día al menos cinco o diez minutos. Si no sabes hacerlo solo, está el librito “ORAR EN CUARESMA” que te da pistas. Y al menos la mitad del tiempo que dediques a orar, que sea en silencio, sin decir nada, sin pedir nada. Deja que Dios te hable. No seas palabrero en la oración. Si esto lo pudieras hacer en familia sería “el no va más”.

Hermanos: Es la tercera palabra de esta Cuaresma. El corazón del cristianismo es Amar a Dios y Amar a los hermanos. Ahí está la Ley y los Profetas. Ahí está Jesús entero. No es creíble una espiritualidad que se come a los santos y no da de comer y no se preocupa por los hermanos… El cristiano de verdad mira al mundo y a los hermanos con cariño. Abrirnos a proyectos donde se trabaja por los más necesitados es exigencia de creer en Dios. Un Dios que cree en nosotros y se ha hecho como nosotros.
En concreto: meterte en algún lío ya sea parroquial ya sea de ONGs donde se ayude al que lo necesita. Si el trabajo no te deja hacer esto, colabora económicamente con lo que puedas para que otros que pueden tengan medios para hacerlo.
Estamos llamados a ser más de lo que somos. No hemos llegado a la meta. Podemos avanzar más. En los grupos, en las celebraciones, en nuestra vida de creyentes y familiar… estamos invitados a “ser como el padre celestial es”. Hay que lanzarse y dar algún paso. ¡Venga! Es la hora de Dios. Es la hora de ser más divinos, más como “Dios manda”, es el tiempo oportuno…

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