Tu Anunciación

Querido Dios:Anunciación de María

Me sabe a «sabido” este pasaje evangélico de la Anunciación de Lucas. Las cosas «sabidas”, Señor, son las que menos nos dicen, las que más nos resbalan, las que no nos llaman la atención. En lo «sabido”, Señor, parece que no hay vida, sólo letra muerta.
Señor, yo creo que el relato de la anunciación no fue así. No pudo ser así. Pienso que éste se escribió para que podamos entender la anunciación que tú nos haces a cada uno de nosotros a lo largo de la vida, o las «anunciaciones”.
Yo, en mi vida de creyente, que no pasa de «normal” (o no sé si llega), no he tenido ningún ángel que me «anuncie” lo que quieres de mí.
Los «sustos” «las anunciaciones» me los pegan los hombres y mujeres del camino diario, o de encuentro ocasional, y los acontecimientos de la vida… Tú me hablas así hoy. Y así me solicitas para que yo sea «seno» donde tú puedas germinar.
Como María, lo primero que me sucede es la defensa, o la duda, o aquello de «a mí aclárame bien las cosas para saber a qué me comprometo, que no quiero sorpresas de última hora». ¿Cómo a mí? ¿Cómo es posible que yo…?
Dios, descubro que me defiendo mucho evitándote: «Busca a otro; pasa de largo; déjame en paz con mis cosas, que no quiero saber nada más… Mira, estoy bien con las cuatro cosas que tengo… No me pidas ahora meterme en líos…».
Para lo que me propones siempre me parece que soy tierra inapropiada, que otros lo harían mejor que yo… Y, sin embargo, tú me visitas a mí, me solicitas a mí… Es de mí de quien esperas las palabras que te permitan encarnarte, hacerte presencia. Tú quieres escuchar de mis labios: «Haz lo que quieras de mí; haz lo que quieras en mí».
¡Cómo me sorprende, Dios, esa delicadeza tuya! No me impones nada. No quieres nada mío que no sea en libertad y desde la libertad.
Dios, tú te acercas a cada persona como susurro, exigiendo y pidiendo total abandono, entrega sin límites, pero en libertad, con un sí por delante. No entras en los corazones que ponen condiciones. Sólo aceptas confianza incondicional, síes incondicionales, palabras que no te reprochen después nada, personas que no se arrepientan de la palabra pronunciada. Tú te las apañas bien con los que no te ponen barreras… Y tú sabes sacar del abismo y del apuro a los que un día, como María, dijeron: «Aquí está la esclava. Hágase en mí lo que tú
quieras».
Tu fuerza y tu poder se revelan en los que te aceptan en plenitud. Para que tú nazcas no hace falta tener mucha fuerza. Basta confiar con todas las fuerzas en tu fuerza.
Dios, me dejas sin palabras y con unas inmensas ganas de poder cantar: mi fuerza y mi poder es el Señor; él es mi salvación.
Un abrazo.

Oración

Te anuncias en la brisa de cuanto acontece a mi alrededor.
Me visitas en la llamada silenciosa
de lo que pasa a cada instante
a las puertas de mi casa día y noche.
Me sorprendes inesperadamente
cuando menos esperaba tu visita
en la calma tranquila de mi existencia.
Son muchas tus visitas, tus llamadas
esperando las palabras que te dejen actuar.
Señor, el miedo al riesgo, a lo inesperado,
a la aventura de un futuro no controlado
me cierra la boca
y me hace mirar a otra parte.
Tú te fijas en mí
y yo no me fijo en ti.

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