Un Belén vivo

Hoy es frecuente escuchar en tal lugar han hecho un Belén vivo. Es decir, personas reales en vez de figuras de escayola. A mí me parece que es la única manera de representar realmente la Navidad. Precisamente, porque la Navidad es “nacimiento” y todo “nacimiento” es nueva vida.
¿Por qué no hacer en el hogar uno de estos hogares vivos?
Papá puede ser un buen San José, esto le obligará, no a ponerse barba postiza sino avivar la fe de José y la comprensión de José. No digo el silencio de José, pero sí que al menos estos días gritemos menos y seamos más acogedores. ¡Qué bueno que los esposos hiciesen un gesto de acogida mutua delante de sus hijos!
Mamá puede ser una buena imagen de María, ella sabe lo que es llevar en su seno a un hijo. Ella sabe lo que es dar a luz un hijo y ella tiene experiencia de darle calor. ¡Qué bueno sería que todas las mamás, en estos días, escuchasen a Dios en sus corazones y, como María, supiesen decirle de manera incondicional: “Hágase en mí según tu palabra”!
Para ello sería bueno leer el relato de Lucas en el capítulo primero sobre la Anunciación. Lo puede leer uno de los hijos representando a Gabriel y que la mamá respondiese con las mismas palabras de de María.
Los hijos, también ellos tiene su lugar, el central, son hijos como Jesús es hijo, y sintiesen la alegría del don de la vida y diesen gracias a sus padres por habérsela regalado.
Así convertiríamos la Navidad no en la celebración de algo que pasó, sino que la haríamos realidad hoy en nuestro hogar.

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