Una cosa sola es necesaria…

Marta y María 2Casi sin darnos cuenta, las actividades, preocupaciones y trabajos de cada día van modelando nuestra manera de vivir y de ser. Más aún. Si no somos capaces de vivir desde nuestro interior, los
problemas y acontecimientos cotidianos tiran de nosotros y nos llevan de un lado para otro, sin otro horizonte que la preocupación de cada día. Por eso, es bueno que, al hacer el plan de vacaciones, sepamos escuchar las palabras de Jesús a aquella mujer tan activa y trabajadora: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas y sólo una es necesaria».
Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos obsequiarnos a nosotros mismos con el regalo del descanso y la vacación para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos, además, pararnos y encontrar el sosiego y silencio necesarios para recordar de nuevo «lo importante» de la vida.
Las vacaciones de este año tendrían para nosotros un contenido nuevo y enriquecedor si fuéramos capaces de responder, durante el descanso veraniego, a estas dos sencillas preguntas:
1.- ¿cuáles son las pequeñas cosas de la vida que la falta de sosiego, de silencio y de oración han agrandado indebidamente hasta llegar a agobiarme y matar en mí el gozo de vivir?, y
2.- ¿cuáles son las cosas realmente grandes a las que he dedicado demasiado poco tiempo, vaciando y empobreciendo así lamentablemente mi vida diaria?
En el silencio y la paz podemos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad, pues volvemos a ver las cosas tal como son. Y, sobre todo, podemos encontrarnos con Dios y descubrir de nuevo en Él no sólo la fuerza para seguir luchando sino también el descanso verdadero y la fuente última de paz.

¿No tienes tiempo? Muy cierto…

Para las personas que dicen que no tienen tiempo de nada o una agenda saturada un experto asesor de empresas en gestión del tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia con un gesto.
Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha.
Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del
tamaño de un puño y preguntó: ¿Cuantas piedras piensan que caben en el frasco?
Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó: ¿Está lleno? Todo el mundo lo miro y asintió.
Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.
El experto sonrió con ironía y repitió: ¿Está lleno?
Esta vez los oyentes dudaron: Tal vez no, ¡Bien!
Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.
¿Está lleno? pregunto de nuevo: ¡No!, exclamaron los asistentes. Bien, dijo, y cogió una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco. El frasco aun no rebosaba.
Bueno, que hemos demostrado?, preguntó…
Un alumno respondió:
Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas.
¡NO!,concluyó el experto: Lo que esta lección nos enseña es que
si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después. ¿Cuales son las grandes piedras en tu vida? Tus hijos, tus amigos, tus sueños, tu salud, la persona amada …
Recuerda, ponlas primero. El resto encontrará su lugar.

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