Visitar a los enfermos

Mis queridos amigos enfermos:Visita a los enfermos

Cuando era niño aprendí en el Catecismo que entre las Catorce Obras de misericordia, una de ellas era “visitar a los enfermos”. Siempre sentí como una cierta sospecha a lo de “obra de misericordia”. Porque sentía que se tratase de una cierta compasión. Y la visita a los enfermos creo que debe ser sencillamente un acto de amistad, de fraternidad, de solidaridad. Visitamos al enfermo como visitamos también al sano. Se trata de una visita. De un encuentro de personas.

Yo creo que todo enfermo debiera tener en un póster con letras grandes éstas o parecidas ideas:

1.- Yo necesito de tu amistad, no tu compasión y lástima.
2.- Cuando me visites, no me hables de mi enfermedad, háblame de la vida, porque también yo quiero vivir.
3.- Y si me hablas de mi enfermedad, hazlo como cuando visitas a un amigo sano y le hablas de su trabajo.
4.- Cuando me visites, no pongas cara de compungido aparentando ser tú el enfermo y no yo.
A nosotros también nos gusta ver caras simpáticas y alegres y felices.
5.- Cuando me visites, déjame tu alegría como compañera de mi vida y no tus preocupaciones.

Una cosa ha de quedar clara. No podemos convertir la habitación del enfermo en un anticipo de velorio. Al contrario pongámosle unas flores que le den vida y alegría.
La habitación del enfermo debe tener mucha luz. Porque la luz levanta el espíritu, anima el alma.
La habitación del enfermo, salvo que le moleste, debiera tener una música suave de fondo.

No. No pretendo levantar un monumento a la enfermedad, sino crear un ambiente luminoso y agradable para el enfermo. Porque el ambiente, aunque parezca mentira, también nos ayuda sicológicamente.

Y las visitas no han de ser un jolgorio, claro que no, pero tampoco un velorio.
Al enfermo es preciso llevarle alegría.
Al enfermo es preciso llevarle ilusión.
Al enfermo es preciso llevarle esperanza.
Al enfermo es preciso llevarle vida.
Al enfermo es preciso llevarle amor, cariño, dignidad y mucha esperanza.

Porque, además, los enfermos tenéis como un sexto sentido muy especial que intuís el estado anímico y las preocupaciones de los que os visitan. Y cuando percibís que estamos bajos de forma, comenzáis a preocuparos. Y para eso no son las visitas. Cuando pienso en las visitas a los enfermos me viene a la mente, la visita de María a su pariente Isabel. Ella misma confiesa que, desde que tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dentro de cada enfermo hay una criatura. En cada visita es preciso despertarla y hacer que salte de alegría en vuestro corazón.

Una bendición para vosotros de vuestro amigo de siempre.

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