Voy a misa cuando me apetece

Eucaristía 9«Yo voy a misa cuando me apetece» es de las frases más recurridas entre los jóvenes y no tan jóvenes para justificar su ausencia en las asambleas dominicales de su comunidad parroquial.

Yo, al menos, la he escuchado hasta la saciedad en labios de los jóvenes que se inician a la fe en los procesos de confirmación, en jóvenes que están integrados en grupos de referencia o movimientos apostólicos y hasta en jóvenes encargados de educar en la fe a niños o adolescentes.

La expresión refleja una adquisición muy positiva.

Entiendo que, frente a actitudes que descubrís y lamentáis en algunos cristianos, expreséis que no queréis ir por pura obligación o porque alguien os lo diga, sino por convicción; que queréis ir cuando os lo dicta el corazón, no por rutina. En definitiva, queréis superar la actitud poco convincente de «ir por ir», por cumplir o por una costumbre vacía de contenido.

-Me revienta esa gente que parece salir de la misa diciendo: «Ya he cumplido». Yo voy cuando siento necesidad de Él :-explicó una joven con contundencia.

A mí, personalmente, me parece genial esta actitud de libertad y convencimiento que manifestáis, ya que a la misa nunca se ha de ir por costumbre u obligación. Sería una auténtica contradicción el ser invitados a alabar a Dios, libre y voluntariamente, e ir bajo imperativos que no nacen de la aceptación personal.

El motor de nuestra vida

Te ofrezco algunas reflexiones en torno a la justificación que expresas para no participar en la Eucaristía. Espero que te sean útiles.
. El motor de nuestra vida nunca pueden ser exclusivamente los sentimientos o las apetencias personales. Básicamente, han de ser las convicciones profundas las que nos muevan. En la vida, muchas veces, hay que actuar por pura voluntad, sin sentir nada, sin apetecernos; por pura convicción interna. Tienes experiencia de ello. Analiza las actividades que realizas en cualquiera de tus jornadas. ¿No es verdad que muchas de ellas las haces sin que te apetezcan, simplemente porque estás convencido de que son convenientes y necesarias para tu desarrollo personal?

Mal andaríamos, si sólo hiciéramos las cosas cuando nos apetecen o nos salen del corazón. ¡Dejaríamos de realizar tantas de ellas! Habría muchos días en que no irías a trabajar, en que no asistirías a clase, y hasta en que no practicarías tu deporte o afición favoritos.
A veces nos levantamos con el pie izquierdo y sin apetencia de nada.

. La misa, por otra parte, es una fiesta de la comunidad cristiana, no es un encuentro de devoción individual. Considero que tus planteamientos -«voy cuando me apetece», «voy cuando siento necesidad», «voy cuando tengo ganas» son muy individualistas. ¡Perdona por el calificativo que te he colocado! Pero, así lo siento, y así te lo digo. Te mueves exclusivamente por lo que dicta tu yo, sin tener para nada en cuenta tu pertenencia a una comunidad, que necesita, también, de tu presencia activa. Porque la comunidad sin ti, sin los jóvenes está manca, como lo estaría si dijeran los mayores que no quieren asistir porque se sienten inapetentes.
Imagínate que perteneces a una organización cualquiera y uno de sus miembros sólo asiste a los encuentros del grupo cuando le «apetece», cuando le vienen «las ganas», cuando «se siente a gusto»… ¿Qué te parecería?, ¿qué le dirías?..
Estoy convencido de que algún día no te morderías la lengua y le dirías algo de esto: «Aquí, en este grupo, se está a las duras y a las maduras; no sólo cuando nos apetece».

. Una nueva reflexión. Puede que, en la actualidad, esas «ganas», «apetencias» o «sentimiento de necesidad» de que hablas te surjan cada mes, cada seis meses o cada año. No lo sé. De lo que sí estoy convencido es de que con el paso del tiempo -ten la certeza- te llegarán cada dos o tres años, o quizá alguna que otra vez en la vida. Porque, está claro, cuanto menos se practica algo menos nos apetece. ¿No has experimentado tú mismo que si antes ibas cada dos meses ahora te apetece ir una vez al año?

La misa dominical es, con toda probabilidad, para ti y para muchos, prácticamente el único alimento de la fe en estos tiempos nada fáciles.
Si quieres cuidar e incrementar la frágil planta de la fe de que hoy disfrutas, no te muevas sólo por tus apetencias o sentimientos. En situaciones sociales de indiferencia e increencia, hay que regar la fe con mucha frecuencia. El ambiente puede engullir y hasta matar una fe que no se alimenta constantemente.

A modo de conclusión. Habrá momentos en que no te apetecerá ir a participar en la Eucaristía, y hasta que tus sentimientos estén secos. Como nos sucede a todos. El domingo debe ser para ti una invitación personal del Señor. -¡Nunca una obligación!-. No vayas a la Eucaristía porque este domingo te apetece. Vete simplemente porque eres cristiano, y los cristianos se reúnen el domingo.

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