Vuestros hijos no son vuestros

Padre con hijo“Al verlo, se quedaron atónitos, Y le dijo su madre: -Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
El les contestó: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir”
(Lc 2,41-52)

El relato de Lucas pudiera parecerse a una de esas travesuras de los hijos cuando se hacen adolescentes.
Sin embargo es un relato hermoso y humanamente realista.
Es la primera vez que vemos a Jesús tomar conciencia de su identidad, de su verdadera filiación, de su misión.
Es la primera vez que vemos a Jesús tomando distancia de sus padres.

Una crisis que se da en cualquier familia.
Una crisis para la que, de ordinario, no están preparadas muchas familias.
Es como el segundo nacimiento del hijo.
Ahora toma conciencia de sí mismo y es el momento de marcar distancias.
Nace a sí mismo, a su libertad y a su decisión y responsabilidad.
“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía ocuparme en las cosas de mi padre?”
El peligro de toda familia es no dejar crecer a los hijos.
Es más lindo verlos gatear o andar agarrados a la falta de mamá.
Pero el hijo está llamado a ser él mismo, a ser el autor de su futuro, a vivir su libertad.
Está llamado a andar por su propio camino.
Se trata de una crisis necesaria, porque es una crisis de crecimiento.

Esto lo expresó muy bien Khalil Gibran:

“Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de perpetuarse.
Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y aunque están a vuestro lado, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis cobijar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas viven en la casa del porvenir, que está cerrada para vosotros, aún para vuestros sueños.
Podéis esforzaros en ser parecidos a ellos, pero no busquéis hacerlos a vuestra semejanza.
Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia lo lejos”
.

Como también me parece linda la definición de hijo que nos ofrece Saramago, premio nobel de literatura:

“Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos, y, de nosotros, aprender a tener coraje.
Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado.
¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro?
Fue apenas un préstamo…
EL MÁS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO,
ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias.
Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”
.

Todo hijo tiene unos padres biológicos.
Pero tiene otro Padre que se llama Dios y es el que le señala el camino.
Todo hijo es una bendición.
Pero todo hijo está llamado a ser él mismo.
Sufre la mamá cuando lo da a luz.
Pero sufren los papás cuando él mismo se siente en el gozo de su propia libertad.
Comienzan por vivir en el nido de nuestro hogar.
Pero están llamados a volar al bosque de la vida y formar sus propios nidos.

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